La utopía republicana

estelar; y el ritual republicano, puesto de evidencia en el ceremonial y en el discurso político cacerista545, proveyeron al gobierno del héroe de la Breña del manto legitimizador necesario para llevar a cabo las urgentes tareas de «Reconstrucción Nacional». Cabe anotar, por otro lado, que el general Cáceres se ubicó estratégicamente, como lo había hecho Castilla luego del período de la anarquía, al margen de los grupos que lo habían llevado al poder. Su posición «por encima de las pasiones y de los intereses personales» le permitirían, según sus propias palabras, «unificar a la familia peruana con el indisoluble vínculo del amor a la patria y del respeto a la autoridad». Esta no solo protegería a todos, sino que colaboraría a que surgiera el bienestar material del que todos podían disfrutar (Echegaray, 1965; Ayarza, 1921). La renuncia de Cáceres a la clase de general de brigada —otorgada por el gobierno ilegal de 1881— ante el presidente del Senado, el civilista Francisco Rosas, puso de manifiesto lo importante que fue el respeto por el ritual republicano-constitucional para la alianza cívico-militar de la postguerra546. Este cimentó una vieja y tradicional alianza política que, complicada e impredecible, había sido utilizada tradicionalmente por los núcleos políticos civiles durante situaciones de debilidad, crisis política e inminente desborde social547. Cabe observar, por otro lado, que la coalición cívico-militar que encumbró a Cáceres a la Presidencia de la República fue una recreación de la coalición política que surgió como consecuencia de las elecciones legislativas de 1878. En esta, el general Mariano Ignacio Prado en el Ejecutivo y los civilistas en el Parlamento establecieron una complicada división de tareas políticas. 1878, año de la acentuación de la crisis económica y de los conflictos sociales urbanos, fue el antecedente inmediato del complejo y difícil «matrimonio de conveniencia» entre «la razón» cívica y la «fuerza» militar. En la desastrosa coyuntura de la posguerra, las fuerzas políticas limeñas, principalmente civilistas, buscaron revivir la vieja fórmula «autoritaria-constitucional» que el asesinato de Pardo y la Guerra del Pacífico habían desbaratado548. El análisis de la relación entre Cáceres y los diversos grupos políticos que colaboraron en la fundación del Partido Civil y que se fragmentaron, luego de la guerra, en los bandos liberal y constitucional, permite entender la manera en que se gestó y consolidó la compleja y ambigua alianza que llevó al héroe de la Breña al poder. Un importante estudio hecho por Nelson Manrique sobre el tema ha señalado que la figura de Cáceres en el 261

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