respetado a nivel nacional. Este, capaz de generar poderosas imágenes cohesionadoras e investido por los civiles de los elementos simbólicos de legitimización republicana, pudo establecer una organización política clientelística, apaciguadora y forzosamente descentralizante. LA DICTADURA ORGANIZADORA El 12 de junio de 1886, tres años después de finalizada la Guerra del Pacífico, el general Andrés A. Cáceres asumió el gobierno de la república. El Consejo de Ministros —interinamente a cargo del Poder Ejecutivo desde el término de la «Campaña Constitucional» que derrotó al general Miguel Iglesias y formado por miembros representativos de las fuerzas políticas civiles— promulgó la ley del Congreso que proclamó la elección en favor de Cáceres como Presidente Constitucional de la República para el período 1886-1890544. La compleja fórmula «autoritaria-constitucional» jefaturada por Cáceres contó, desde sus inicios, con los imprescindibles elementos legitimizadores provistos por los políticos civiles. Lo anterior fue posible debido a que la «coalición constitucional» que llevó a Cáceres al poder estaba conformada por connotados representantes de los diferentes grupos políticos que habían desempeñado una intensa actividad en las décadas previas a la guerra y por allegados del general ayacuchano. En efecto, el Partido Constitucional, columna vertebral del régimen cacerista, exhibió entre sus miembros preclaros a civilistas simpatizantes de Cáceres como Carlos Elías, Manuel Candamo y Aurelio Denegri; civilistas que habían formado parte activa en la reorganización del Partido Liberal, como Luis Felipe Villarán y Ramón Ribeyro; independientes de tendencias civilistas, como José Antonio Miró Quesada; algunos seguidores de Piérola que, contraviniendo las órdenes de su jefe, se habían acercado al cacerismo, como Pedro A. del Solar, y las vanguardias militares representadas por los breñeros Justiniano Borgoño, Somocurcio, Salcedo, Arias, Crespo y Fuentes (Miró Quesada, 1961, p. 175). Así, el Partido Constitucional resultó siendo una coalición de las fuerzas políticas civiles sobrevivientes de la guerra —civilistas, demócratas y liberales—, y los núcleos militares urbanos y serranos que, comandados por Cáceres, habían decidido politizarse. La puesta en marcha del proceso electoral presidencial de 1886 con un candidato único a nivel nacional, el general Cáceres; el rescate de la constitución de 1860, desconocida por el gobierno del general Iglesias; el establecimiento de un parlamento, donde el civilismo ejerció un papel 260
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