restos de los «héroes nacionales» de la Guerra del Pacífico a la capital de la República536. A Cáceres, conductor y gestor del ritual funerario público537 que cohesionó simbólicamente y en beatífica armonía a todas las clases sociales538 y a los departamentos y regiones del país, representados cada uno por sus respectivos héroes y excombatientes539, le cupo el papel de proyectar la figura de centro articulador de un sentimiento nacional que intentaba reconstruirse. El respetado general ayacuchano, en representación del ejército, y los núcleos civiles adherentes de su gobierno participaron activamente del imprescindible ritual limeño de reconciliación nacional. Civilistas como el exdiputado y ministro cacerista Carlos Elías, encargado de realizar en Santiago de Chile los trámites de traslado a Lima de los restos de los héroes de Angamos y la Campaña del Sur; el contralmirante Lizardo Montero, vicepresidente del gobierno de La Magdalena y presidente del flamante Círculo Militar; y el general Juan Buendía, exministro de Manuel Pardo y excombatiente de la Campaña del Sur540, ocuparon, junto con las numerosas delegaciones provincianas, lugares preeminentes en los desfiles y discursos conmemorativos que preludiaron al entierro en conjunto de los héroes nacionales. El ceremonial anterior intentó no solamente cicatrizar viejas heridas políticas entre sectores que la guerra había colocado en bandos enemigos, el norte y el sur por ejemplo541, sino que buscó reformular y fortalecer, en el imaginario colectivo nacional, el concepto de una patria común, generadora de lazos de unión, que requería el concurso de todos sus hijos para las inmensas tareas del futuro542. La construcción del panteón de los héroes nacionales, en donde las figuras epónimas y tutelares de la nación descansaban en perfecta armonía, además de crear poderosos vínculos históricos entre los miembros de una sociedad profundamente fragmentada, eximió al ejército y a los núcleos políticos civiles de la cuota de responsabilidad que les correspondía dentro de la guerra civil que condujo a la derrota al país. Así, se intentó proveer a la administración cívico-militar cacerista, incluido su posible sucesor, el lugarteniente de Cáceres en la Campaña de la Breña, Remigio Morales Bermúdez, de la legitimidad y la fuerza moral suficiente para llevar a cabo la tarea de reconstrucción nacional. La coalición constitucional543, formada por elementos civiles y militares, que encumbró como presidente al general Andrés A. Cáceres, ejerció un gobierno «parlamentarista-autoritario», encabezado por un personaje 259
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