La utopía republicana

norte. En la memoria que presentó tres años después de la finalización de la guerra el prefecto de Lambayeque, coronel Francisco Ríos, dio cuenta al gobierno central sobre «el estado de miseria y postración» en el que se hallaban las antes prósperas élites económicas lambayecanas. Estas, principalmente dedicadas a la agricultura, habían debido someterse a los saqueos, los cupos mensuales de plata sellada, la prohibición del cultivo de arroz, la destrucción de los animales de labranza, la venta del agua de regadío a precios caprichosos y las exacciones por parte de las tropas de ocupación. En palabras del jefe político departamental, solo «la escasez y la miseria» reinaban en el antes «floreciente» departamento de Lambayeque518. El proceso de postración económica norteño, que determinó que en zonas como en Trujillo se produjera un dramático proceso de desnacionalización de las productivas haciendas azucareras519, se repitió intermitentemente durante los principales núcleos económicos regionales que, como las riquísimas provincias de la sierra central, se habían constituido en poderosos bastiones del civilismo520. La destrucción de las bases materiales de las élites económicas civilistas, presas en su mayoría del endeudamiento y de la ruina521, tuvo efectos determinantes en el posterior reordenamiento político del país. De igual manera que los grupos mercantiles regionales, los núcleos artesanales urbanos que, como el limeño, habían constituido soportes importantes en las campañas electorales y en el gobierno civilista (Mc Evoy, 1994a, pp. 280-281,) sufrieron con intensidad las consecuencias de la guerra. Esta no solo causó la muerte de ochenta miembros del activo y politizado gremio tipográfico —entre ellas, la de su importante dirigente, el limeño Enrique del Campo, jefe parroquial de San Marcelo, guardia nacional y miembro del Partido Civil— en la batalla de San Juan y Miraflores (Mc Evoy, 1994a, p. 312; Martin, 1977, p. 19), sino que destruyó las posibilidades de trabajo y producción del combativo sector artesanal. Es probable pensar, aunque no existen estudios al respecto, que la rearcaización de la economía peruana que la guerra provocó significó un golpe de gracia a las incipientes industrias tipográficas, de la construcción, de la alimentación y del vestido522 , que habían venido desarrollándose a la sombra de la «prosperidad falaz». El ocaso político civilista, además de deberse a importantes pérdidas económicas y físicas de muchos de sus dirigentes políticos más preciados, tuvo como razón fundamental la desaparición del respeto y de la autoridad 256

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