La utopía republicana

estratégicos de la campaña electoral de 1871, la gestión presidencial 18721876 y la campaña legislativa de 1878. En el sur, por ejemplo, algunos de los aliados más importantes del proyecto civilista limeño —el comerciante, terrateniente y prefecto por Tacna, Carlos Zapata; el agricultor y dirigente de la Junta Departamental de Moquegua, Gregorio Cabello, junto con el comerciante y político Mariano Hurtado Zapata513, hombres sumamente representativos de la emprendedora burguesía provincial sureña, con fuertes intereses en la producción vinícola y el comercio regional surandino— fueron duramente golpeados por los efectos de la guerra514. En 1880, luego de la derrota peruana en la batalla de Los Ángeles, y con el ingreso de las tropas chilenas al valle de Moquegua, fueron saqueadas la mayor parte de las haciendas, incluida la de Cabello. En consecuencia, fueron destruidos toneles y vasijas de vino, así como la línea férrea y locomotoras que permitían la comunicación de Moquegua con el vecino puerto de Ilo. En posteriores incursiones de las fuerzas de ocupación se solicitaron fuertes cupos que, al no ser pagados en su totalidad, trajeron represalias en la forma de incendios y saqueos (Pinto Vargas, 1987, pp. 262-269). Un año después de terminada la guerra, la próspera Moquegua pasó a convertirse en la mísera Provincia Litoral que colindaba con los territorios ocupados por Chile. El gobierno central del Perú, empobrecido y débil, no pudo auxiliar a los vinicultores y comerciantes moqueguanos y tacneños que perdieron, en favor de los ávidos comerciantes chilenos, el monopolio de la codiciada extensa red de distribución de vinos y aguardientes en Bolivia515. La ruina de Moquegua, que obligó a muchos de sus pobladores a emigrar a Arequipa, Puno, Bolivia, Cusco y Lima, se evidenció no solo en la pérdida de dinero, joyas, acémilas, bodegas y toneles de vino y en la destrucción de los hermosos campos de vides —exterminados por la plaga de la filoxera, minúsculo y devastador insecto que, se presume, llegó en las patas de los caballos y mulas chilenas—, sino en la postración de sus activos núcleos económicos e intelectuales urbanos516. Así pues, desaparecieron las redes políticas que con tanta eficiencia fueron articuladas, con la activa colaboración de Lima, por agentes electorales, congresistas sureños y activos militantes del civilismo —como Gregorio Cabello, el maestro Mariano Arguedas, Mariano y Carlos Hurtado Zapata, diputado este último por la Convención en 1857—517. Suerte similar al de las incipientes burguesías mercantiles de la costa sur fue la que corrieron los emprendedores núcleos económicos de la costa 255

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