división de tareas y de esferas de poder, resultó siendo la alternativa política más viable para el restablecimiento del orden social, la cohesión política y la reconstrucción económica del país. Las maquinarias políticomilitares construidas por Cáceres durante su exitosa carrera militar y durante la guerra permitieron controlar, mediante mecanismos conciliadores o directamente represivos, a los innumerables grupos provincianos que, debido a la debilidad estatal, anarquizaban importantes zonas del territorio nacional497. Resultaba obvio, por otro lado, que debido a la pérdida de las provincias salitreras, el problema de la reorganización política y económica, planteado luego de la guerra, no pudo contar con el apoyo de la agotada fórmula patrimonialista del pasado498. Para la difícil y determinante etapa de la «Reconstrucción Nacional», 1886-1894, en la cual el Estado peruano prescindió de un elemento material capaz de menguar el conflicto político-social —que sin duda desencadenaría el proceso de reconstrucción económica—, fue fundamental la figura cohesionadora del general Andrés A. Cáceres, gestor y organizador de la resistencia serrana frente al invasor chileno499. El desprestigio del Partido Civil, la destrucción de sus bases materiales, los peligros del incontrolable desborde social que había venido gestándose en el país desde antes de la guerra, junto con el debilitamiento y fraccionamiento de las élites civilistas y sus vanguardias urbanas, colaboraron en el encumbramiento de una opción cívico-militar autoritaria. La «pax cacerista», que nació como producto de la alianza entre fracciones civiles y militares de la costa y la sierra del Perú y que proveyó de cierta autonomía fiscal a las diversas elites regionales del país500, colaboró, como en tiempos del General Castilla, en la consecución del ordenamiento político necesario para la reconstrucción del aparato estatal y de las élites económicas a él asociadas. Cuando ocho años después el proceso de control social y reconstrucción económica finalmente se logró y las élites regionales, fortalecidas al amparo de la relativa autonomía económica y política, se convirtieron en un peligro para el proceso de centralización estatal prevista por la coalición civilista cogobernante, el héroe de la Breña resultó, como el de La Palma y Carmen Alto, un personaje «non grato» para sus antiguos aliados civiles. EL BALANCE DE UN DESASTRE Aunque contamos con escasos trabajos globales para evaluar el daño material que ocasionó la Guerra del Pacífico en la economía501 y las 252
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx