(1881); Hempel (s/f); Molinare (Santiago de Chile, 1912); Vargas Ugarte (1970b); Vicuña Mackenna (1881). 441 «Los chilenos desfilaron dignamente el 17 de enero en la tarde por las calles de la metrópoli peruana … No hubo notas sombrías en este día memorable de la historia de Chile. El decoro y disciplina del ejército vencedor arrancaba palabras de sorpresa a los nacionales y el aplauso de los extranjeros» (Guerra, 1991, p. 110). La obra anterior resulta fundamental por su excelente y pormenorizado acercamiento al tema de la ocupación. 442 Según un testigo de la época: «No existía en Lima más sombra de autoridad que la Municipalidad». (Modesto Basadre y Chocano, 10 años de historia republicana, XXXVIII. Para una aproximación a la actividad municipal en los días previos a la ocupación ver Guerra, 1991, pp. 86-91). 443 Testigos de la época, peruanos y chilenos, señalan el impacto que tuvo el estallido de la comuna en la vida de la ciudad: «La víspera de la entrada del ejército chileno, a las cuatro de la tarde, estalló la comuna en Lima. Porción de hombres, sosías de las aves nocturnas, con fachas patibularias recorrían las calles de Lima, saqueando casas y almacenes; incendiando varios edificios» (Basadre, 1953, XXXVIII); «Son las diez de la noche, y van aumentando los gritos de ¡Viva el Perú! ¡Muera la argolla! (por argolla se entiende la clase rica). El mercado llamado de la Concepción que toma este nombre del convento de monjas que sigue en la manzana inmediata y todo ello cerca de este consulado, empieza a arder en medio de los gritos, tiros y hachazos de los comunistas. A la una de la madrugada, la mitad de la calle de San Pedro está convertida en una hoguera … A las 6:30 acuden varios extranjeros armados con rifles y revólveres … los que han conseguido hacer retirar a los comunistas» (Merlé, citado por Guerra, 1991, p. 65); «Al caer la tarde de este último (16/1/81) pudo presagiarse la tormenta que iba a desatarse sobre Lima. Pretextando tener hambre, (las turbas) se lanzaron sobre tiendas de víveres de los inermes asiáticos: las puertas fueron violadas a disparos de rifle y despedazadas a hachazos, saqueadas y por último entregadas al fuego» (La campaña del ejército chileno contra Lima, en Guerra, 1991, p. 67). 444 «En la misma tarde (17) la artillería ocupó el cuartel de Santa Catalina, donde tuvo lugar una ceremonia conmovedora. Se izó la bandera chilena al tope de la asta, la banda del regimiento tocó despacito el himno nacional, mientras jefes y soldados, a cabeza descubierta, veían alzarse la imagen de Chile» (El Heraldo, no. 174, Santiago, 4 de febrero de 1881 en Guerra, 1991, p. 112.) 445 Andrés Avelino Cáceres, uno de los pilares de la resistencia peruana nucleada, básicamente, en la sierra, señalaba gráficamente cómo fue visto el recambio del eje político al interior del país: «la toma de Lima por los chilenos no entrañaba en mi concepto, el completo aniquilamiento del poder militar del Perú, ni mucho menos la decisión de la guerra por la fuerza de las armas, aún quedaban recursos, territorios y energías para continuarla» (Cáceres, 1973, p. 97). 446 Del arrojo temerario del dictador dan cuenta los comentarios de José María Químper en Ulloa (1949, p. 292); sobre la absurda estrategia implementada por Piérola en las decisivas batallas de San Juan y Miraflores ver Mercado Jarrín (1979). 447 Se calcula que perecieron 3000 peruanos solamente en Miraflores. En Chorrillos, 241
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