La utopía republicana

identificar una de las mayores obsesiones de Nieto y de la corporación militar de la cual fue vocero. Para el «soldado de la república», las disensiones intestinas eran causa exclusiva de «todos los infortunios» del Perú (Nieto, 1839, p. 39). El levantamiento de Arequipa contra el continuismo que intentó imponer el general Gamarra, y que aparece en detalle en la correspondencia de Nieto, puede brindar luces sobre la república militarizada y el ciudadano en armas que le sirvió de sustento. Dentro de este contexto, 1834 es un año decisivo para la organización política e ideológica del Perú posIndependencia. La alianza caudillo-pueblo, de la que ha dado cuenta el excelente trabajo de Gabriella Chiaramonti y de la cual Arequipa es un ejemplo temprano, planteó una disyuntiva difícilmente superable entre la representación liberal de la sociedad y su contraparte corporativa (Chiaramonti, 2005; Del Aguila, 2013). En la larga duración, la alianza entre el militar de turno y las corporaciones que lo apoyaban en su lucha contra el despotismo dificultó la creación de una soberanía moderna, unitaria, absoluta y homogénea. Sin embargo, en el corto plazo la alianza caudillo-pueblo permitió la puesta en marcha del proyecto republicano, en el cual se privilegia ese último concepto. Clement Thibaud (2003) observa que la solución provisional al problema de la ciudadanía fue su asociación con la milicia. El «pueblo virtuoso», que en teoría conformaba los ejércitos guerrilleros, actuaba de puente entre el imaginario republicano clásico y el moderno. Así, el momento irregular de la guerra tuvo un mérito incomparable: encontrar un pueblo para la naciente república. Esta mediación no solo fue funcional para la relación entre el Estado y el individuo, sino que permitió que ese pueblo huidizo de las constituciones liberales finalmente se corporizara. Refiriéndose a los poderes creadores de la guerra, Thibaud opina que la guerrilla constituyó un crisol de hombres de todos los orígenes y posiciones, unidos en la voluntad de servir a la república. En el caso de la revolución de Arequipa, Nieto señaló en una de sus cartas que el comportamiento de los arequipeños era comparable al de los ciudadanos de «las celebradas repúblicas de Grecia y Roma». (Mc Evoy, 2015a, t. 1, p. 100). El análisis de declaraciones e incluso misivas que expresan el hartazgo frente a las luchas entre facciones militares, además de sus secuelas sobre la sociedad civil, no debe distraernos de un hecho innegable: cada uno de los veteranos de Ayacucho se sintió portador de un retazo del manto 24

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