patria disipando su hacienda y poniéndola al borde del sepulcro» (González Vigil, 1951-1955, p. 437)—, fue defendido con elaborados argumentos por los teóricos del autoritarismo peruano, entre ellos José María de Pando, quien durante los años de la república temprana aseguró que «nadie en la infancia» de las instituciones republicanas «podía ceñirse rigurosamente al texto de la ley». Pando fue un activo defensor del poder —casi absoluto— del Ejecutivo e incluso abogó por la puesta en marcha de un proceso mediante el cual el gobierno debía generar su propia hegemonía. De lo que se trataba en realidad era de proveer de un blindaje ideológico a ese Estado frágil que, de acuerdo con Felipe Pardo y Aliaga, navegaba a duras penas en medio de una infinidad de tormentas políticas. Si bien es cierto que el manto de legitimidad provisto por el ala conservadora del republicanismo fue de enorme utilidad para la validación de los militares, estos cumplieron también una serie de funciones políticas muy importantes. Los generales, coroneles y capitanes que pelearon en Junín y Ayacucho construyeron sus redes de poder, en medio de la inestabilidad civil que sucedió a la independencia. Ellos también ensayaron prácticas políticas novedosas e incluso persiguieron objetivos republicanos de largo plazo, como la consolidación del Estado, el desarrollo de la infraestructura material y la promoción de «la reconciliación nacional. La lectura de la Memoria escrita por el general Domingo Nieto, publicada en Lima en 1839, permite observar cómo el vocabulario republicano-liberal logró infiltrar a los militares. A pesar de la evidente filiación castrense que provino de su participación en la guerra de independencia, Nieto defendió su posición frente al «partido de la fuerza», representado por su camarada de armas el general Agustín Gamarra. A diferencia del hombre que pasó a ser su enemigo jurado, Nieto enarboló valores de inocultable estirpe liberal. La «justicia a favor de los derechos comunes», la «libertad de los pueblos», la soberanía de la nación peruana, el voto popular, la importancia de la ciudadanía, el gobierno de la ley y el respeto por la opinión pública se convirtieron en los principales pilares de la república peruana imaginada por los militares. Describiéndose como «siempre franco y siempre republicano», el general Nieto subrayó en su Memoria opiniones, sentimientos y principios políticos tendientes a obtener la regeneración del Perú por medio de la eliminación de los faccionalismos. Dentro de un corpus conceptual que lograba combinar sin mayores problemas ideas liberales y deseos unanimistas, es posible 23
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