424 Para las negociaciones Goyeneche-Rosas ver Palacios Moreyra (1983, pp. 209-211). 425 Para este punto ver Del Campo (1979). 426 Para un excelente análisis de la campaña terrestre peruana del sur ver Mercado Jarrín (1979, pp. 197-224). 427 En su carta de diciembre de 1879 y en el manifiesto de Nueva York de 1880, Prado señaló las razones que lo habían obligado a su viaje: «nadie ignora que mientras carezca el país de poderosos elementos navales que siquiera equilibren los recursos marítimos del enemigo, la campaña terrestre tiene que ser para nosotros mui lenta, costosa i difícil» (Carta del General Prado, Guayaquil, 22 de diciembre de 1879). «Sin buques, cada día se acentuaba más la gravedad de esta situación, i era desesperante para mí, resignarme a ella, sin hacer de mi parte el mayor esfuerzo, el mayor sacrificio para conjurarla y dominarla» (El general Mariano Ignacio Prado a sus conciudadanos, Nueva York, 7 de agosto de 1880). 428 Respecto a las razones esgrimidas por Prado para llevar a cabo su viaje un testigo de la época, probablemente civilista, refutaba el argumento de la compra de armamento, sustentando en su lugar la teoría del miedo: «Por supuesto mi general de miedo. Las enfermedades no se diagnostican sino por sus síntomas, y usted ha presentado de esa terrible enfermedad del alma, claros y numerosos síntomas que vamos a puntualizar, temía usted correr repentinamente la malhadada suerte de los Gutiérrez. Todos los que lo visitaron a usted a su llegada al Callao vieron pintado el espanto en su semblante … Ud. ofreció el ministerio a Piérola de miedo; y cuando el impávido agente de Dreyfus le contestó aquella insólita e insolente carta … estaba usted no ya sólo desprestigiado, sino vejado, y vejado por un muñeco. Usted debía sentir temblar la tierra bajo sus pies; y la fuga, que fue una idea que lo dominaba a usted hacía tiempo, vino a ser una imperiosa necesidad de su acobardado ánimo» (Ojeada a un Manifiesto, Panamá, 30 de abril de 1881). 429 Ojeada a un Manifiesto, Panamá, 30 de abril de 1881. Refiriéndose a Piérola el crítico del súbito viaje del presidente subrayaba: «Usted le abandonó el puesto, le dejó las riendas del gobierno en medio de la calle, dejó Ud. el gobierno en acefalía, o lo que era lo mismo, en manos de un gabinete desprestigiado, impotente, personalísimo, sin buena fé, sin patriotismo y sin alcances, y de un vicepresidente, que después de haber sido toda su vida un mentecato, había caído en la chochera … Piérola es pues creación de usted. Usted es responsable de todos sus crímenes…». 430 En su proclama al país, luego de asumir el mando, Piérola dijo que una de las causales principales de la revolución fue «la vergonzosa fuga de Prado», señalando seguidamente como: «la hora de la reparación nacional había llegado» (Proclama, Acta Popular i Decretos de Piérola al asumir el mando Supremo, Lima, 22 de diciembre de 1879). 431 En el manifiesto de Piérola al país, luego de la toma del poder, el dictador señalaba que: «los desastres sufridos» eran fruto no solo de los hombres sino del régimen. Manteniéndolo era «imposible» salvar la situación, por lo mismo si el país había de «salvarse», una «transformación política radical» era «inevitable». En su mensaje al Consejo de Estado observaba, asimismo, que «en homenaje a la patria vencida y arrollada» se debía levantar «un muro infranqueable entre el pasado y el presente». 239
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