Respecto al ataque a la prensa civilista Espiell comentaba: «Se comenzó el ataque organizado al son de las bandas de música contra las imprentas civilistas.... El Nacional fue destrozado; El Comercio sufrió casi una hora de sitio, y La Opinión y el Club de la Unión fueron agredidos sin sufrir grandes daños... En El Comercio luchamos en proporción de uno contra ciento.... Salvé del peligro del combate, para caer en manos de la policía, nuestro principal enemigo, y si no logro jugármela, me hubiera ultimado el populacho» (Ricardo Espiell, Lima, 31 de octubre de 1877, AMP, CMP). 401 «En días pasados La Cotera ha dicho que es muy posible que los civilistas tengan mayoría, pero en ese caso correrá mucha sangre en Lima; él y Saavedra van a ser los Gutiérrez del actual Balta» (José de la Riva-Agüero, Lima, 14 de marzo de 1878, AMP, CMP). 402 Para esta línea de análisis he utilizado el concepto thompsoniano de clase social, en el cual la clase es una manera específica de expresar la totalidad social, donde los factores internos importan tanto como las relaciones de oposición y complementación con otros grupos sociales. La clase social es, dentro del contexto anterior, la realidad temporal «definida por los hombres al vivir su propia historia» (Edward P. Thompson, 1979, p. 34). Otros autores, siguiendo el razonamiento previo, sostienen que el análisis de la clase deriva de una aproximación a la estructura social por la vía de la praxis, donde la definición no es el punto de partida sino el resultado. Entonces, una clase social es una realidad en movimiento que no puede estudiarse en abstracto o a priori, y que, en función de las circunstancias que vive, soporta o genera pasa por diversos estadios, períodos de formación, de hegemonía sobre una sociedad, de disgregación y ocaso. En cualquiera de estos momentos resultan indesligables las relaciones económicas, de la cultura y las mentalidades que cohesionan a los hombres. Es evidente que una clase no es una suma de individuos, pero también es cierto que estos no pueden ser omitidos. El contrapunto entre clase y biografía es, dentro del concepto anterior, inevitable. Flores Galindo (1984, pp. 16-17) y Geremeck (1976, p. 111). 403 De la lectura de una de las cartas cursadas entre Manuel Pardo y Ricardo Espiell puede deducirse la manera dramática como fue percibido el conflicto político entre el Congreso y el Ejecutivo: «En esta contienda entre los realistas y los parlamentarios sucumbirán los primeros aquí como en la Inglaterra de Carlos I, pero es necesaria calma. Los agresores serán los que pierdan la partida. La revolución continuará hasta Ayacucho... entre tanto Prado se mantendrá inerte: el ministerio apoyará al Congreso, dará leyes y ganará tiempo que es la ruina de los sublevados… Yo no pienso moverme de aquí (Santiago de Chile) por lo pronto. Mientras el congreso funcione mi puesto... es Lima y si voy al congreso y me toman al disolverlo la revolución queda consumada por mucho más tiempo que si yo estoy fuera del alcance de los contrarios. Estoy con el pie en el estribo en caso de disolución de las cámaras: en el acto marcharé a Tacna» (Manuel Pardo a Ricardo Espiell, Santiago, 12 de agosto de 1878, AMP, CMP). 404 «Para el caso de disolución del Congreso podemos contar con varias gendarmerías; estoy en contacto con jefes que nos ayudaran si llega el caso… los opositores tienen gente para» pobladas «…nosotros tendremos la nuestra para contrarrestarlo. Ahora nos conviene estar quietos hasta que el gobierno se lance a la dictadura, si se atreve a ello, o si a ello lo arrastran los áulicos. Entonces tendremos a la opinión en nuestro favor y podremos contar con el país entero... debemos pensar en armarnos, a fin de que cuando 236
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx