La utopía republicana

La carta más importante del gobierno de la Magdalena radicó, sin embargo, en la posibilidad dada por su «privilegiada» situación, de activar sus contactos nacionales e internacionales. A los primeros apeló para lograr hegemonizar desde Lima un frente político unificado, capaz de establecer una «paz digna» con los chilenos, y a los segundos, para obtener el apoyo financiero y el soporte diplomático que viabilizara su rápida salida del territorio peruano462. Durante los primeros momentos de su constitución política el frágil Gobierno Provisorio contó solo con el apoyo de algunas ciudades costeñas ocupadas como Trujillo, Chiclayo y Lambayeque. Unos meses después, otras del interior como Cerro de Pasco, Huánuco y Tarma, se fueron plegando a la causa comandada por Lima. El resto del país, principalmente los núcleos políticos serranos, se mantuvo fiel a la resistencia que el gobierno de Piérola representaba. El desprestigio del civilismo y de la banca capitalina resultó siendo un elemento fundamental en el inicial rechazo hacia el gobierno limeño463. Fue por lo anterior que la tarea fundamental de los artífices del gobierno de la Magdalena se centró en minar las bases de legitimidad de la dictadura pierolista464. Para lograrlo contaron con el apoyo de un socio internacional prestigioso: los Estados Unidos de Norte América465. La «República Americana» podía, debido a su «larga vida» y «experiencia», colaborar en «el restablecimiento de la paz y la desaparición de los efectos de la guerra»466. Socavar las bases de la dictadura, apelando a las estrechas relaciones con el «gigante del Norte», permitiría cristalizar una de las metas más acariciadas por los provisorios: el respeto y apoyo de la comunidad internacional a la causa peruana467. Sin embargo, en paralelo a dicho apoyo, era necesario lograr las adhesiones de los núcleos políticos regionales que se habían plegado a Piérola. Contar con el apoyo norteamericano, al que se le prometieron directa e indirectamente una serie de concesiones, les dio a los defensores del Gobierno Provisorio la fuerza y el prestigio suficiente para ir cooptando a los antiguos aliados de la Dictadura468. Para noviembre de 1881 el importante jefe político-militar del norte Lizardo Montero había decidido, junto con los núcleos sureños acaudillados por José de La Torre, unir fuerzas con el núcleo limeño, representado por García Calderón, y exhibirse unidos ante los chilenos. Unos meses después, y luego de ciertas dudas, la alianza se vio fortalecida por la adhesión del prestigioso jefe político militar del centro, Andrés Avelino Cáceres. En su mensaje al Congreso de Chorrillos de noviembre 223

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