La utopía republicana

determinante en la puesta en funcionamiento del simbólico ritual político ayacuchano453. Los serios reveses materiales y morales sufridos por la élite limeña luego de la ocupación de la capital no impidieron que ella también intentara reconstruir su núcleo de poder en la capital del Perú454. La negativa de los chilenos de reconocer al gobierno dictatorial de Piérola, la acefalía en que se hallaba la ciudad capital, el peligro de la anarquía y la necesidad de establecer bases inmediatas para un acuerdo de paz y desocupación del territorio peruano fueron motivos suficientes para que los tenaces limeños intentaran recrear, por una vez más, un gobierno propio. La Junta de Notables455, que intentó revivir la fallida coalición Nacional-Civilista, que precedió a la guerra456, se reunió en casa del jurista e historiador, Mariano Felipe Paz Soldán, el 22 de febrero de 1881, con la meta primordial de restablecer el «Gobierno normal de la República»457. Este recayó por votación en el abogado civilista arequipeño Francisco García Calderón y se instaló en el balneario de la Magdalena el 12 de marzo de 1881, con la «benévola tolerancia» de los chilenos y el inmenso desafío de «buscar una paz honrosa», resguardando, paralelamente, «la dignidad y el porvenir del Perú»458. El Gobierno Provisorio de la Magdalena, a diferencia del de Piérola instalado en Ayacucho, debió llevar a cabo una difícil y complicada convivencia con el invasor. De aquella derivaron sus posibilidades de articulación y organización política y también, sus dramáticas limitaciones. En efecto, el gobierno de García Calderón nació como una concesión del invasor chileno a la élite limeña. La necesidad apremiante de los chilenos por contar con un interlocutor válido y legítimo con el cual negociar los términos de la desocupación del territorio peruano y de llegar, simultáneamente, a la firma de una paz favorable a sus expectativas, determinó que el jefe político-militar chileno en el Perú, contralmirante Patricio Lynch459, brindara su apoyo interesado al gobierno de García Calderón460. Fue por el determinante aval anterior que la ficción jurídica que significó el precario Gobierno Provisorio contó con un espacio minúsculo donde poder organizarse: el territorio «neutral» de la Magdalena y la Escuela de Clases de Chorrillos; con rentas propias, generadas por la aduana de Ancón; un periódico, El Orden; e incluso un pequeño contingente de gendarmes nacionales, del que se pudo disponer, debido a la autorización del todopoderoso Patricio Lynch461. 222

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