en las personas del tristemente célebre coronel Pablo Arguedas, hombre de paja de Castilla en el cierre del Congreso en 1857, y del desprestigiado represor del régimen pradista, general La Cotera. En palabras de Miró Quesada, la dictadura pierolista fue el producto de «la trágica pugna entre dos debilidades» (1961, p. 132). Estas debilidades, sin embargo, tuvieron un rostro propio y obedecieron a intereses muy concretos. Por el lado de la debilidad civil, Piérola acaudilló a un sector conservador y anticivilista, marginado del reparto fiscal de los últimos años de la década de 1870. Personajes como el exseminarista, periodista del diario clerical La Patria y enemigo acérrimo de Manuel Pardo, Pedro José Calderón; el hacendado cañero de Trujillo, Nemesio Orbegoso; los abogados Federico Panizo y Manuel Barinaga; el hacendado cajamarquino Miguel Iglesias, caudillo regional y colaborador con Piérola en la revolución de 1874; el ingeniero cusqueño Manuel Mariano Echegaray, junto con el capitán de navío Manuel del Villar, fueron representativos de un sector social heterogéneo, postergado por los civilistas y alienado del gobierno de Prado. Probablemente fue debido a su condición de marginalidad que pueden entenderse los tintes radicales del discurso político que esgrimieron431, el cual no les imposibilitó, sin embargo, un estrecho acercamiento, en aras de lograr el imprescindible apoyo financiero, con el malhadado Augusto Dreyfus. El gobierno de la dictadura desconoció las negociaciones que los civilistas Rosas y Goyeneche estaban sosteniendo en Europa con el «Credite Industriale» y reestableció relaciones con Dreyfus, consolidando la deuda de 1874, que ya había sido condonada en un 60%, y adjudicando a los tenedores de la deuda externa la propiedad de los ferrocarriles nacionales432. Por el lado de la debilidad militar, La Cotera representó a los restos del ejército que habían apuntalado al régimen de Prado, y que, ante las sucesivas derrotas, la galopante crisis económica y política, y «la fuga» del Comandante General, habían iniciado un proceso de deserción «en masa». En su manifiesto al país luego del triunfo del golpe de Estado, La Cotera señaló al nocivo proceso de politización de una parte importante del ejército y a la soledad y falta de apoyo en la que se encontraba la administración pradista como las causas principales del triunfo del gobierno dictatorial. El civilismo, en palabras de La Cotera, había realizado su «voluntario suicidio» cuando decidió mantenerse ajeno a la defensa del ahora distante aliado433. 217
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