La utopía republicana

electoral de 1871, también proveyó a la élite económica civilista, especialmente a sus vanguardias financieras, de un argumento legitimizador para asumir nuevamente la administración de la riqueza salitrera y el control político y social del país394. La «canalla» para aquellas vanguardias, además de ser «la plebe» desbordada que cometía tropelías con la avenencia del Ejecutivo, incluía al grupo de «bribones» y advenedizos que controlaban el aparato estatal395. Es en este contexto de abierta pugna por controlar la marcha del Estado que debe entenderse la participación activa de la «crema y nata» del civilismo, especialmente sus vanguardias financieras, y la utilización de su interesante discurso diferenciador. José de la Riva-Agüero fue puntal intelectual y económico de la campaña congresal, junto con el banquero Aurelio Denegri; Juan Ignacio Elguera, hombre de negocios y exministro civilista encargado de la estatización salitrera; Manuel Costas, lanero puneño; Manuel Candamo, abogado y propietario; y José Unanue y Enrique Canaval, hacendados y comerciantes costeños, entre otros más396. Manuel Pardo, a pesar de la distancia geográfica, diseñó y organizó muchas de las estrategias por seguir397, pero fue Riva-Agüero, junto con un sector importante de la élite económica civilista limeña y del interior, quien centralizó al partido, estableció las suscripciones para los gastos de la campaña, organizó el correo político y la articulación con las provincias, limó las asperezas al interior de la agrupación y revivió el espíritu cívico que llevó a la Sociedad Independencia Electoral a conquistar el poder en 1872398. Resulta importante señalar que, debido al alejamiento por motivos personales del aliado sureño y flamante presidente del partido Manuel Costas, fueron Riva-Agüero y el grupo de banqueros y hacendados limeños los que tomaron el control político de la asociación civilista. Lo anterior permite evidenciar no solo el fortalecimiento dentro de la cúpula partidaria de la élite financiera-terrateniente limeña, sino que aquella situación corrió paralela al debilitamiento de los grupos de apoyo del sur. Durante la campaña electoral congresal de 1877-1878, falleció el exitoso industrial cusqueño Calixto Garmendia, el hacendado arequipeño Juan Mariano de Goyeneche mostró un perfil bajo y Manuel Costas, el ex-vicepresidente de la República, se hallaba en una difícil situación económica399. Las élites que tomaron el control del Partido Civil ante la deserción forzada del bloque sureño estaban relacionadas con el incipiente ciclo económico que se estaba perfilando luego de la crisis del modelo guanero. Los 205

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