que el Partido Civil abandonó el poder. Espiell, a diferencia de su copartidario el arruinado y resentido comerciante Arana, fue cobijado por el civilismo debajo del paraguas de la administración pública. Sin embargo, aquella privilegiada posición dentro de la burocracia estatal fue amenazada por la política veleidosa del gobierno de Prado. La persecución y el despido intempestivo al que se vieron sometidos no solamente Espiell sino muchos otros partidarios colocados también por el Partido Civil en puestos públicos, especialmente municipales, determinó que el combativo dirigente de San Lázaro, junto con sectores importantes de las vanguardias civilistas urbanas, asumieran una cruzada ideológica en la prensa y en los municipios contra Prado y su «canalla»388. Es por lo anterior que resulta reveladora la percepción que tenía Espiell en torno a la campaña electoral de 1877-1878, en la cual, la esencia de la lucha electoral era, según sus propias palabras, «la guerra declarada por la canalla a la gente decente»389. Por ello no eran casuales sus agudos comentarios sociales con Manuel Pardo, en los que señalaba que era la «peor ralea» o el «populacho» quien amenazaba la posición y las expectativas de los «decentes»390. Teniendo en cuenta el anterior peligro de «desborde popular» que se cernía sobre los golpeados «hombres de bien» urbanos, es más entendible el intenso trabajo partidario de Espiell. Así pues, el bombero y ex guardia Nacional fue un activo agente de movilización de sus antiguos aliados: los sectores populares391. A estos, a quienes Manuel Pardo instaba abiertamente a politizar, los atrajo nuevamente al partido, no solo con el dinero, que volvió a fluir profusamente durante las elecciones congresales, sino con las mismas expectativas de ascenso social que ya conocía Ricardo Espiell. El trabajo con «el pueblo» no alejó, sin embargo, al fiel secretario pardista de su íntimo contacto con las altas esferas partidarias, con la que se sentía plenamente identificado y sobre las cuales mantuvo informado a Pardo durante los meses del forzado exilio chileno392. Espiell y los sectores medios que representó no estuvieron solos en la campaña electoral legislativa. El compromiso militante asumido por el banquero y comerciante José de la Riva-Agüero durante aquella puede dar luces de cómo, al igual que los frágiles sectores medios urbanos, un grupo importante de la élite económica, limeña y provinciana, también estaba reprocesando su propia identidad social393. El controversial discurso de polarización, «decentes-canalla», esbozado por el grupo representado por Espiell, y que ya había sido utilizado con anterioridad en la campaña 204
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