La utopía republicana

actividad civilista fue hacer bajar la cabeza al régimen pradista mediante el control del espacio congresal. 1877 fue el año de convocatoria a las elecciones parlamentarias para la renovación de un tercio de senadores y diputados de las cámaras legislativas. La campaña electoral 1877-1878, una de las más violentas en la historia política peruana383, permitió no solo fortalecer al civilismo a nivel organizativo, sino establecer una clara división y oposición en el seno de los dos principales poderes del Estado. En efecto, en vísperas de la Guerra del Pacífico, el Ejecutivo, en control de los «nacionales», y el Legislativo, en manos de los «civilistas», se encontraban confrontados y en plenas negociaciones para una nueva redistribución del poder. El control del Senado, bajo la presidencia de Manuel Pardo a partir del 23 de julio de 1878, permitió al civilismo imponer sus condiciones al régimen pradista. En vísperas del asesinato del líder civilista y a escasos meses de la invasión chilena, el Congreso y Ejecutivo estaban gestando una nueva coalición que permitiría, entre otras cosas, establecer un nuevo frente multipartidario en el cual convivieran los enemigos políticos del pasado. La construcción de aquel frente, donde posiblemente sería incorporado más adelante el pierolismo, básicamente facilitaría el control social del país y la concreción de las políticas de estabilización financiera, requeridas insistentemente por las vanguardias económicas civilistas. Era obvio que para llevar a cabo lo anterior era fundamental una reformulación estructural del boceto inicial de la «República Práctica». El exilio forzado de Manuel Pardo, a raíz de la fracasada revolución civilista de 1877, inicialmente descolocó al Partido Civil. Sin embargo, luego del primer impacto psicológico que ocasionó el alejamiento del jefe a su asociación, las dirigencias recuperaron sus energías y nombraron en agosto un nuevo presidente y una nueva junta directiva384. La designación para comandar el partido durante las decisivas jornadas electorales 18771878, recayó sobre el lanero sureño Manuel Costas. Un mes después de aquel nombramiento, el 1 de setiembre de 1877, apareció en El Comercio la proclamación de senadores y diputados civilistas por el departamento de Lima, la que, seguida por centenares de firmas de adherentes y simpatizantes, recreó la antigua coalición de capitalistas, intelectuales, profesionales y artesanos que llevó al partido al poder en 1872385. El acta anterior evidenció cómo los sectores «decentes» limeños habían logrado reorganizarse y salían a la carga contra el régimen pradista que los había traicionado. Durante la campaña, la presencia activa de las vanguardias 202

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