Manuel Pardo acabó de abrir el abismo que había comenzado a dividir las clases superiores de las inferiores; y los antiguos partidos políticos que ya existían independientemente de la cuestión de clases, encontraron también ellos en este acontecimiento un nuevo elemento de odios» (1978, pp. 192194). En pocas palabras, la eliminación del líder del Partido Civil puso de manifiesto los límites a los que había llegado la violencia política, principalmente la exhibida durante la intensa campaña electoral de 18771878, mostrando de manera dramática el epílogo de un inocultable conflicto social. Si bien es cierto que la violencia y desborde social habían sido lugares comunes en el escenario político peruano, dichos problemas se agudizaron con las intensas disputas entre el Partido Civil y el Partido Nacional, las que tuvieron como escenario un país amenazado por un acelerado proceso de deterioro económico. A pesar de que la historiografía latinoamericana ha prestado poca importancia a los conflictos de clase durante el siglo XIX, debido a la inexistencia de «burguesías» o «proletariados» en el sentido clásico del término, opinamos que la confrontación social durante el último lustro de esa decisiva centuria modeló muchos de los métodos y estrategias utilizadas posteriormente por la élite política peruana. La culminación del enfrentamiento al interior de la élite política —el atentado fatal contra el expresidente de la República— ocurrió en una coyuntura muy especial para la evolución política peruana. La gestación de una nueva coalición mediante la cual los feroces enemigos, civilistas y nacionales, establecieron una tregua momentánea, se vio conmocionada por el asesinato del líder del Partido Civil. Cinco meses después, la declaratoria de guerra chilena acabó de desestructurar el precario experimento «conciliador». En consecuencia, los efectos combinados de una guerra interna y otra externa retardaron y reformularon el proceso de reconstrucción estatal que se había iniciado luego de las violentas elecciones legislativas de 1878. Los conflictos entre la administración de Prado y el Partido Civil comenzaron muy temprano. Como hemos señalado, para mediados de agosto de 1876, a pocos días de la inauguración pradista, el distanciamiento había llegado a un punto álgido. A medida que el gobierno de Prado adquirió mayor autonomía política, mediante su juego de alianzas con elementos cercanos al baltismo, abandonó a los «amigos» de antaño, quienes se quejaban amargamente de cómo el Estado se había convertido en el botín del nuevo presidente y sus aliados. El manejo de la deuda 200
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