La utopía republicana

En la década de 1860, en los interesantes debates propiciados por La Revista de Lima, en los cuales Manuel Pardo y muchos miembros de su partido participaron, los «Estudios Sociales» de Narciso Alayza aludían a que el trabajo debía de suponer esfuerzo en los que lo ejecutaban. En tal sentido, la riqueza generada por él mismo debía utilizarse en el desarrollo de la industria. Los que no actuaban de esta manera eran, según Alayza, «parásitos sociales» que chupaban «la savia de la sociedad». A pesar de que la idea aceptada dentro de la sociedad de la época era que el trabajo significaba «esfuerzo» y «pena», la coalición civilista logró cohesionar en un solo «cuerpo» a los que ganaban su dinero con dichos elementos —el gremio artesanal y profesionales medios, por ejemplo— junto a los que lucraban con la especulación —los banqueros y grandes comerciantes limeños—376. En la medida que la crisis económica evidenció de manera cruda las desigualdades sociales, las contradicciones de clase empezaron a minar la voluntad política cohesionadora que el republicanismo civilista representó. A pesar de que durante la campaña y en su administración el discurso civilista intentó crear un espíritu de cuerpo en el cual el capital y el trabajo convivieran armónicamente, la coalición policlasista fue desgarrada por la crisis de la deuda externa, que evidenció que era el capital financiero el que podía pescar mejor en el «río revuelto» del colapso económico. La posibilidad de un centro mediador entre sectores de intereses opuestos tuvo pocas posibilidades de sobrevivir cuando la miseria golpeó a los grupos más débiles de la coalición. Aquellos encontraron su voz en el discurso «nacional» de los grupos políticos marginados por el proyecto civilista. La situación anterior llegó a su punto culminante cuando el cerebro articulador del complicado juego de alianzas y transacciones entre capital y trabajo fue súbitamente eliminado del escenario político nacional. CONFLICTO POLÍTICO E IDENTIDAD SOCIAL El 16 de noviembre de 1878 una descarga de fusil puso fin a la vida de Manuel Pardo. Su asesinato en las puertas del Congreso de la República representó el momento culminante de un intenso conflicto social y político de dimensiones nacionales377. El historiador italiano Tomás Caivano, testigo presencial de esas intensas jornadas, opinaba que este hecho fue el epílogo de un conflicto político nacional que había desembocado en «una tremenda revolución social, una lucha de clases que no podía dejar de desorganizar completamente al país». Para Caivano, «la sangre del ilustre 199

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