violencia verbal y física de los sectores políticos y sociales excluidos del proyecto civil. La oposición, apertrechada detrás de Gutiérrez de la Fuente, intentaba erigirse básicamente en representante y defensora de los intereses de la nación o, puesto en otras palabras, del «bien común» frente a los intereses partidaristas del civilismo. En efecto, la posición defendida por el grupo representado por el viejo general aliado de Castilla no hizo más que recrear con nuevos términos el conocido discurso herreriano de la unidad nacional, que era parte constitutiva, asimismo, del republicanismo histórico. Por ello no fue casual que aquella resucitada opción «unificadora» y por lo demás, archienemiga de los faccionalismos, se articulara políticamente en lo que se denominó posteriormente el Partido Nacional353. De esa manera, los grupos políticos desplazados del proyecto de la «República Práctica» y encumbrados nuevamente en el gobierno de Prado recrearon el discurso cohesionador y «conciliador» que había caracterizado a la política patrimonialista propiciada por el castillismo y el baltismo, en la cual las enemigas de la armonía social eran las fuerzas faccionalistas y exclusivistas de los partidos políticos354. El discurso anticivilista tuvo arraigo en los sectores populares urbanos, que percibieron que la política económica del Partido Civil había colaborado a la polarización social, mediante una distribución injusta y monopólica de la riqueza355. Los fenómenos combinados de devaluación e inflación, incrementados durante la administración de Pardo, golpearon fuertemente a muchos de los «ciudadanos laboriosos» que constituían la savia de las vanguardias civiles y empobrecieron, aún más, a la temida plebe urbana. El fracasado proceso de estabilización económica y la emisión inorgánica de billetes, que se vio obligada a llevar a cabo la administración civilista a raíz de la crisis de la deuda externa, golpeó fuertemente las bases sociales que con tanta habilidad fueron convocadas en 1871. En algunos casos, como veremos más adelante, los «ciudadanos republicanos» atravesaron por un difícil proceso de desclasamiento social y de pauperización económica. La crisis del modelo guanero, a la sombra del cual las vanguardias civilistas urbanas habían crecido y logrado enfrentar eficientemente al caudillismo del pasado, arrastró, paradójicamente, a los elementos básicos del edificio republicano. La ausencia de control de las élites nativas respecto a un proceso económico, que dependía principalmente de variables externas, condicionó negativamente la consolidación del proyecto político civilista. 193
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