La utopía republicana

La decisión de un sector importante de la élite chilena de usar la riqueza salitrera peruana como elemento fundamental en su proceso de hegemonización y consolidación política asestó un duro golpe a la flamante coalición que emergió luego de la intensa campaña legislativa de 1877-1878. La posterior guerra e invasión del territorio del Perú entre 1879 y 1883, a manos del poderoso y a todas luces más eficiente ejército chileno, puso de manifiesto no solo la fragilidad y vulnerabilidad de un aparato estatal debilitado por faccionalismos, regionalismos y sucesivas crisis económicas, sino que en situaciones límites, las élites peruanas hacían obvio lo divergente de sus intereses. La presencia de diversos y simultáneos «presidentes» durante la guerra y ocupación y el determinante conflicto entre un sector de la élite norteña y la «coalición nacional» sostenida por Lima evidenció el inocultable desmembramiento político que vivía el país y las fracturas regionales que habían sido escenario común en la historia peruana. El ingreso del invasor chileno como nuevo actor en el juego del poder complejizó aún más el difícil ajedrez político peruano. La invasión, ocupación y derrota frente a Chile potencializó, por sus terribles efectos en la sociedad del Perú, las brechas económicas, políticas, sociales y regionales del país que, lejos de resolverse durante la puesta en marcha del proyecto civilista, adquirieron niveles alarmantes luego de que la guerra finalizó. ¡ABAJO LA ARGOLLA! El 2 de agosto de 1876, fecha en que se realizó la transmisión del presidente saliente Manuel Pardo al entrante Mariano Ignacio Prado, el civilismo tuvo muchas razones para celebrar. En efecto, en los discursos de su triunfante campaña electoral, Mariano Ignacio Prado prometió, explícitamente proseguir con la política iniciada por sus mentores345. Sin embargo, a escasos días de iniciada su gestión, el flamante presidente electo aludió en uno de sus discursos al viraje en la política procivilista que ardientemente había defendido en el pasado346. El nombramiento del abogado y parlamentario Antonio Arenas como jefe de su gabinete puso de manifiesto que el dócil aliado de antaño disponía de su propia agenda política. Arenas, candidato presidencial de Balta en las disputadas elecciones de 1872, era un conocido y feroz opositor del Partido Civil. La toma de distancia de Prado frente a sus antiguos aliados de campaña no pudo ser más evidente. Las protestas del expartido gobernante no se hicieron esperar. 191

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