La utopía republicana

ciclo doctrinario». Una de sus conclusiones fue que la soberanía residía en el pueblo y era este quien debía elegir a sus «representantes para pronunciar su voluntad»15. En el texto titulado Aptitud civil de la república, que se le atribuye a José Faustino Sánchez Carrión, «la ley» era presentada como el eje y motor de la sociedad y la tarea de los poderes públicos era servirla con «sabiduría y energía»16. Otro elemento fundamental para la buena marcha de un gobierno republicano era la opinión pública. El «poder irresistible de los gobiernos liberales» radicaba, de acuerdo con Sánchez Carrión, en la circulación libre de las ideas. Por otro lado, una educación ilustrada era requisito indispensable para la concreción de la agenda republicana, en clave liberal. Los redactores de La Abeja Republicana eran de la opinión de que una vanguardia intelectual responsable debía preparar al pueblo para vivir en libertad. Porque un pueblo ignorante jamás podría disfrutar de sus ventajas. Si el Perú quería ser parte de una «sociedad civilizada», era necesario que sus autoridades promovieran la adquisición de conocimientos17. La celebración de la trilogía libertad, igualdad y justicia no logró desterrar el cúmulo de contradicciones que marcó a una tendencia ideológica, el republicanismo liberal, que antes de convertirse en opción política exhibió una carga semántica ambigua18. Una serie de situaciones específicas, entre ellas la ausencia de un hinterland económico para los mentores del ideario republicano liberal —los que en su mayoría eran clérigos y abogados—, la inexperiencia política de sus líderes —en el Perú no se organizaron, como en otros lugares, juntas de gobierno— y el evidente desfase histórico de las fórmulas políticas que se articulan en el exvirreinato —en comparación con los cambios ideológicos que estaban ocurriendo en el escenario internacional—, hizo complicada la tarea de los liberales peruanos, quienes no lograron una hegemonía similar a la de sus pares rioplatenses o mexicanos. A las limitaciones anteriores habría que agregar la presencia de la agenda bolivariana, que tuvo como uno de sus objetivos principales el sometimiento de los políticos peruanos. Ello a pesar de que, en vísperas de su llegada, Simón Bolívar fue definido como el salvador de la república. El redactor de El Nuevo Día del Perú afirmaba que existían dictaduras déspotas y otras tendientes a la consecución de «la libertad de los pueblos» —la bolivariana correspondía a esta última categoría—19. 19

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