Hipólito Unanue se dirigió a los «sabios de la universidad de San Marcos» para asegurarles que la «ignominia» contra ellos había cesado y que desde ese momento «la república» reconocería el valor de los hombres formados en «la ciencia y la virtud» (Unanue, 1974, pp. 839-842). En la medida que el triunfo patriota redefinió un contexto y sentó una agenda política novedosa, el concepto de república se verá asociado tanto a un gobierno diametralmente opuesto al de la monarquía absoluta como a la nueva sociabilidad practicada por los «hombres de mérito», una categoría que les fue otorgada en exclusividad a los republicanos11. El contrapunto con un pasado inmediato al que se considera nefasto se convierte así en un arma retórica para la lucha por la legitimidad simbólica. De acuerdo con Manuel Lorenzo de Vidaurre, la diferencia entre monarquía y república radicaba en el hecho de que en un gobierno republicano «la virtud» era el principio rector, mientras que «el camino de las dignidades» formado «por la infamia y corrupción» era la base del sistema monárquico (Vidaurre, 1971, pp. 358-359). En un escenario donde lo que primaba era la propaganda ideológica, los preceptos primordiales de la república se verán relacionados con una serie de condiciones básicas, siendo la principal que todos los hombres nacían libres y con igualdad de derechos. El fin de una asociación política de corte republicano consistía en mantener los derechos naturales imprescriptibles del hombre, es decir, la libertad, la propiedad, la justicia, la seguridad y la capacidad de resistir la opresión (Vidaurre, 1971, p. 373). A partir de la década de 1820, las ideas liberales estuvieron asociadas a la división de los poderes del Estado, el igualitarismo, la libertad negativa, la primacía de la ley y el predominio del gobierno constitucional. No bastaba conseguir la independencia, era necesario consolidarla, y la única manera de lograrlo era que los peruanos se «constituyesen» y que sus leyes fundamentales fueran revestidas de «decoro y majestad»12. La influencia de John Locke también se hizo evidente en la discusión propiciada desde las páginas de Los Andes Libres, donde se asoció la ley con la libertad13. Locke fue citado por los autores peruanos para validar una serie de conceptos muy cercanos al ideario liberal, como el de la libertad, el de la igualdad y el de la propiedad: la «facultad exclusiva de disponer y gozar a nuestro arbitrio del producto de nuestro trabajo»14. La publicación de las Bases de la Constitución de 1822 y la dación de la Constitución de 1823 son dos hitos de una larga polémica que se inició luego de la caída del Protectorado y que Jorge Basadre denomina «primer 18
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