civiles y militares que la «Ley Orgánica de Municipalidades», base legal de la participación popular en los gobiernos locales, prohibió explícitamente la presencia de militares en dichas esferas de poder (Mc Evoy, 1994a, pp. 102-105). Por su parte, la municipalidad —«piedra angular del edificio constitucional» y como la Guardia Nacional, un antiguo ideal liberal— fue dotada por el gobierno de sus propias rentas con la finalidad de independizarla del poder central330. Para el presidente, el renovado sistema municipal no solo fue un poderoso auxiliar en el régimen democrático, sino que se constituyó en la condición primera del progreso político, moral y material del Perú. Para los civilistas, la reorganización municipal resultaba fundamental para el fortalecimiento de la «escuela política» ciudadana. La utilización en favor de la localidad de los elementos latentes e inactivos que las municipalidades encerraban provocaría, según la nueva administración, un doble efecto en la organización política nacional: emanciparía a los pueblos de la tutela administrativa centralista del pasado y liberaría al gobierno de una serie de obligaciones ajenas a la administración general331. La organización municipal resultó siendo, en consecuencia, un tímido ensayo de los antiguos sueños federalistas de los liberales. Sin embargo, junto a los tibios intentos federalistas de la organización municipal también se dio una tendencia en el gobierno hacia la burocratización y centralización del aparato estatal. En tal contexto, la administración general, especialmente la profesionalización de las burocracias estatales, fue una de las mayores preocupaciones del «Estado Civilista». El gobierno, en su afán de colaborar en la formación del «servidor moderno del Estado», creó, por decreto del 7 de abril de 1875, la Facultad de Ciencias Políticas y Administrativas en la Universidad de San Marcos, a la cual dotó, para su organización y mantenimiento, con un presupuesto anual de 25 000 soles. La contratación como su director del prestigioso intelectual francés Pablo Pradiere Foderé evidenció las tendencias innovadoras de la élite gobernante. El «infatigable obrero de la civilización», Foderé, figura intelectual consagrada internacionalmente, poseía un prestigio magisterial que había trascendido las fronteras francesas y varias de sus obras escritas circulaban entre los lectores peruanos (Martín, 1949, p. 6). El objetivo principal de la facultad fue la generalización del derecho en sus diversas especialidades (Martín, 1949, p. 5; Mc Evoy, 1994a, p. 95). 174
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