La utopía republicana

desaparición del ejército. A este le cupo un importante papel en el diseño de la «República Práctica» y estuvo subordinado, sin embargo, a los dictámenes de civilidad impuestos por el «Estado Civilista». Resulta interesante observar cómo de la misma manera que el civilismo creó la imagen de un ciudadano ideal, «ilustrado y valeroso», capaz de preservar la República, inventó una nueva identidad para los militares, en la cual el modelo idealizado de «el militar de honor», activo defensor de las instituciones ciudadanas, propendió a la domesticación y cooptación del ejército327. Para el civilismo, el ejército debía convertirse en una gran maquinaria de nacionalización donde se forjaría no solo la tan requerida identidad cívica sino, básicamente, el respeto por la ley. La tarea fue apremiante debido a la relativa autonomía e indisciplina que habían provocado años de intensas luchas políticas en el cuerpo militar. Durante los últimos años del régimen de Balta, el ejército evidenció un irreversible proceso de ruptura interna y fragmentación. La existencia de innumerables grupos militares, los indefinidos, que a manera de bandas armadas pululaban por todo el territorio nacional, fue uno de los mayores peligros que enfrentó la administración civil (Villanueva, 1962, pp. 17-27). Para revertir el proceso de desintegración y atomización del ejército, que ponía en jaque a cualquier intento de institucionalidad, el Congreso dio una serie de leyes con la finalidad de recomponer dicha institución militar, unificarla y, a la vez, educar, moralizar y disciplinar a sus levantiscos miembros. La reducción del contingente activo del ejército, la ley de conscripción militar, la reglamentación de los ascensos, la fundación del Colegio Militar y la Escuela de Grumetes, junto con la uniformización de la tropa —en el sentido literal del término— con vestuario provisto por las fábricas de Garmendia y Terry, son pruebas de la nueva actitud hegemónica de los civiles frente a los militares (Mc Evoy, 1994a, pp. 106-112). La reducción de los militares a sus cuarteles o en algunos casos a tareas de colonización en la selva, probablemente para distraer energías peligrosas, los fue alejando del poder político que por muchas décadas habían usufructuado con amplia libertad328. Si bien es cierto que muchos militares como el ministro de Guerra José Miguel Medina ejercieron funciones importantes en la nueva administración, el sector del ejército que colaboró con Manuel Pardo, y que tuvo por núcleo el Club Militar 2 de Mayo, compartió plenamente su visión cívica de la sociedad329. Era justamente en clara alusión a la imprescindible división de labores entre 173

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