La utopía republicana

una buena reputación y una profesión, en el comercio o en el magisterio, debían ser los requisitos fundamentales entre aquellos encargados de neutralizar la «inmoralidad y el desenfreno»315. Una aproximación al «Batallón Número 7» de la Guardia Nacional de Lima, comandado por José de la Riva-Agüero —hijo del primer presidente de la República y jefe, a la vez, del primer batallón cívico limeño posIndependencia—, puede permitirnos conocer la composición social de los cuadros dirigenciales del «partido armado». Riva-Agüero, banquero y propietario de minas en Cerro de Pasco, ejerció el cargo de vicepresidente de la Junta Departamental limeña durante la campaña electoral de 1871. Su apoyo incondicional a la candidatura civil, junto con su envidiable posición económica, lo hicieron merecedor del nombramiento de coronel y de organizador un batallón cívico en Lima316, formado por seis compañías y con un total de 28 miembros activos. Entre el cuerpo directivo del batallón limeño destacaban el mismo Riva-Agüero como coronel y primer jefe; el abogado y catedrático sanmarquino, Ramón Ribeyro, con el grado de teniente coronel y segundo jefe; y el artesano Manuel Benavides, como sargento mayor y tercer jefe. De esta manera, la pequeña esfera de la Guardia Nacional recreaba de manera simbólica la coalición política entre élite económica, sector intelectual y núcleos artesanales que el partido buscó propiciar. En el contingente de capitanes, tenientes y subtenientes que conformaban el «Batallón Número 7» comandado por Riva-Agüero figuraban, principalmente, profesores, estudiantes universitarios, comerciantes y artesanos317. El sector artesanal cumplió un rol activo en la defensa del orden institucional en toda la República. En Arequipa, por ejemplo, un grupo de cien artesanos acordaron formar un «cuerpo de seguridad» con la finalidad de velar por la paz de esa ciudad318. En el Cusco, por otro lado, la Sociedad de Artesanos, encabezada por su jefe Gonzales, logró mantener, debido a su número y organización, el orden público en las provincias319. En Chiclayo, los individuos que conformaban la Guardia Nacional norteña fueron, especialmente, gente escogida de entre «los artesanos honrados»320. Sin embargo, a pesar de la aparente cohesión interna de los «sectores laboriosos», propiciada en todo momento por el partido, no todo fue beatífica armonía dentro del enmascarado grupo «paramilitar» civilista321. En la esfera de la Guardia Nacional, núcleo político del civilismo donde se manejó el poder real de las armas y se dio cabida —a través de una 171

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx