de forjar identidades colectivas y de socializar y disciplinar a los «ciudadanos republicanos». La educación fue, en consecuencia, el mecanismo estatal para formar y reformar las estructuras mentales y crear una comunidad de conciencia, cemento y sostén del proyecto nacional propiciado por el partido gobernante. Este interés estatal por la «homogeneización cultural» y la educación cívica —manifestado en la dación de la Ley de Instrucción, en la Ley Orgánica de Municipalidades, y en la refundación de la Guardia Nacional— coincidió con las crecientes necesidades y expectativas de amplios «sectores medios» emergentes. Estos vieron en la educación, en el autogobierno municipal y en la Guardia Nacional los vehículos capaces de proveer, además de una movilidad social y un estatus, el control y la promoción del orden en sus respectivas comunidades. Sin embargo, entre las necesidades compartidas de la nueva administración y las de los nuevos grupos emergentes se colocó tercamente un sector sumamente conservador de la Iglesia296. En 1871, durante la campaña electoral, «el ciudadano republicano» fue el elemento ideológico y político con que contó el partido liderado por Pardo para arrebatarle el poder al régimen de Balta. Si bien es cierto que los catorce meses de intensa politización rindieron sus frutos cuando los «valerosos» ciudadanos salieron a las calles limeñas a hacerle frente al absolutismo de los Gutiérrez, también resultó evidente que muchos de los activos colaboradores en la campaña y en la reacción civilista habían sido «enganchados» a través de los mecanismos clientelísticos tradicionales (Mc Evoy, 1994b). Luego de que el partido asumió el poder, una de las tareas fundamentales de la dirigencia fue la de la consolidación ideológica. El fortalecimiento de un poder simbólico capaz de capturar y dominar la mente de los simpatizantes fue esencial para la forja de la «República Práctica». Es en ese contexto que una obra como la publicada en 1874, «Catecismo Civil de los Deberes y Derechos del Ciudadano», texto oficial de la Secretaria de Educación para las escuelas primarias del país, adquiere su pleno significado (Chiarolanza, 1874). La pequeña obra de divulgación popular, traducción de un texto que el autor Aníbal Chiarolanza escribió años antes en su país de origen, Italia, fue adaptado a la Constitución del Perú, sintetizando de manera ecléctica civismo y prácticas religiosas (Chiarolanza, 1874)297. La organización del manual, a través de un sistema de preguntas y respuestas, colaboraba en la memorización y repetición constante de los principales temas que intentaban abordarse. Tópicos determinantes a los ideales del gobierno 164
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx