La utopía republicana

santidad de sus instituciones»294. Resultaba obvio para el presidente que sin el apoyo de los ciudadanos comprometidos con la «causa civil» aquella hazaña nunca hubiera podido haberse realizado. En el Club de la Unión, importante centro de la vida social arequipeña, Pardo y la dirigencia partidaria civil agradecieron, algunos días antes del combate decisivo en Los Ángeles, a otros importantes e imprescindibles aliados: las élites sureñas. En los discursos de orden de la simbólica reunión en Arequipa, Andrés Avelino Aramburú, periodista limeño a cargo de un batallón de la Guardia Nacional, aludió al «abrazo fraternal» que, para efectos de «conjurar los peligros de la Patria», había tenido lugar entre el pueblo arequipeño y el limeño. Para Aramburú, el contacto entre los dos pueblos había comunicado sus recíprocos ardores y retemplado los espíritus. Lizardo Montero, otro dirigente del partido y jefe del «Batallón 2 de mayo» y celadores de Arequipa, hizo un brindis porque «la Esparta [refiriéndose a Arequipa] conserve incólume el orden constitucional». Era obvio que la alianza Lima-Arequipa que incluía, debido a los vínculos comerciales, a Puno y Cusco, también estaba muy presente en la mente del marino civilista. Sin el apoyo de aquella región resultaba muy difícil mantener el tan requerido principio de autoridad, que a todos les interesaba conservar. Ello justamente en referencia a estos principios comunes «para los hombres honrados de todas las opiniones» con que Manuel Pardo inició su discurso frente a la «parte selecta» de Arequipa. En su alocución volvió a incidir en un punto ya señalado muchas veces durante su campaña electoral: la necesidad de que «los buenos» de «todos los partidos y todas las nacionalidades» se unieran con la finalidad de combatir el desorden y buscar el progreso del país295. Si bien es cierto que en esta oportunidad los cuerpos militares y civiles limeños, junto con los aliados sureños, demostraron su lealtad incondicional frente a los avances de la «reacción», era obvio que para sostener el edificio republicano era necesario hacerlo sobre las bases de muchos «buenos ciudadanos» dispuestos a defenderlo. La estrategia para lograrlo fue una intensa labor de difusión ideológica que tuvo su principal eje en la educación. EDUCANDO AL CIUDADANO La búsqueda de la virtud cívica durante la administración del Partido Civil no fue, como en tiempos de la campaña electoral, una defensa frente a la tiranía de un Estado autoritario, sino un instrumento, desde el poder, capaz 163

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