La utopía republicana

hermanos Diego, Esteban y Manuel Masías, diputado el primero por Arequipa, conocidos dirigentes populares los tres; a José Fabio Melgar, Pedro Gálvez y Francisco García Calderón, brillantes colaboradores en las gestiones de Castilla, Echenique y Balta; al alcalde de Chiclayo durante la gestión de Balta, Juan Manuel Iturregui; a los exprefectos de Puno, José Miguel Medina, presidente también del Consejo de Estado de Echenique, y a Juan Manuel Costas, ministro del gobierno de Pezet; a los exprefectos de Cusco, Mariano Cornejo y Calixto Garmendia; a Carlos Elías, diputado por Ica e hijo del candidato civil en las elecciones de 1851, Domingo Elías, entre otros255. Cada uno de los políticos y notables mencionados tenían la experiencia y capacidad para colaborar en la construcción de núcleos de poder sólidos en sus respectivas provincias y departamentos. El esquema político que el partido Civil puso en funcionamiento, partió de una reformulación y una nueva distribución del poder entre Lima y las élites provincianas. Estas, por razón de la fluctuante política nacional, no habían tenido acceso a las decisiones que les concernían o se habían visto marginadas del poder por las clientelas gobiernistas de turno. Dentro del nuevo diseño de política nacional que llevó a cabo el civilismo resulta significativo relevar la alianza que las élites políticas y económicas de Lima establecieron con las élites del sur. El nuevo eje de poder tuvo su punto de apoyo en el bloque constituido por Lima y los departamentos de Ica, Arequipa, Puno y Cusco. La nominación del lanero puneño Manuel Costas como primer vicepresidente de la República durante la presidencia de Pardo y del industrial textil cusqueño Calixto Garmendia como segundo evidenciaban que el intento de articulación política asumido por la capital no prescindió de las élites provincianas innovadoras, especialmente las sureñas256. Lo interesante de esta nueva alianza es que, a diferencia de lo que aconteció en el pasado, Lima forjó vínculos con los sectores económicos más vitales de Cusco, Puno, Ica y Arequipa. La industria lanera, controlada por los miembros de la fórmula presidencial civilista, pudo ser percibida, debido a su irradiación económica a otras zonas, como un sector punta en el desarrollo del sur-andino257. En Ica, la alianza con viticultores y hacendados algodoneros y cañeros, como los Boza o los Elías, permitió vínculos con innovadores sectores productivos de la costa258. Las relaciones que se tejieron a nivel de las altas esferas del poder no fueron, en consecuencia, como en tiempos de Castilla, Echenique y Balta, con antiguos jefes militares o diputados capaces de controlar clientelas locales, 154

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