La utopía republicana

El mecanismo que permitió resolver las terribles contradicciones que el capitalismo dependiente trajo al país y que colaboró, asimismo, en la recomposición y oxigenación provisional del inacabado y precario proyecto civilista y de sus vanguardias económicas fue la política de intervencionismo estatal. Este tuvo la tarea fundamental de coadyuvar en la reproducción de la economía nacional, siendo parte activa en el fortalecimiento de ciertos sectores de la élite económica nativa. La estatización del salitre realizada el 28 de mayo de 1875 evidenció no solo la radicalización de las medidas económicas del Estado frente a la galopante crisis económica, sino el intento consciente, por parte del gobierno, de asumir el control real de una nueva riqueza que podía colaborar en un próximo ciclo de expansión exportadora. La estatización salitrera, además de afectar los intereses del capitalismo británico y de la «burguesía» chilena, puso en manos de un grupo de capitalistas nacionales, principalmente ligados a la banca y aglutinados en «La Compañía Nacional del Salitre», la administración de la nueva riqueza fiscal. En pocas palabras, el camino de la estatización por parte del Estado abrió las posibilidades de replantear el modelo de acumulación de las élites económicas nativas, mediante una efectiva participación en la dirección, gestión y usufructo del modelo, sin la interferencia hegemónica del capital extranjero. Lo ocurrido con el salitre muestra de manera evidente lo ambicioso del proyecto estatal que se intentó implementar (Tantaleán, 1983, pp. 188-192). La imaginación económica y política de la administración civilista no logró, sin embargo, detener los duros embates de la «crisis anunciada» del modelo guanero. Aquella se dejó sentir con intensidad en todos los niveles de la sociedad peruana, golpeando duramente a los grupos más débiles. Los sectores populares vieron bajar de una manera dramática su poder adquisitivo, debido al proceso inflacionario que desencadenó la emisión del papel moneda (Bonilla, 1986, p. 177). Es probable que, en el difícil contexto anterior, donde muchas expectativas e ilusiones fueron brutalmente defraudadas, las palabras del ministro de Hacienda Ignacio Elguera, brazo derecho de Pardo en el proceso de estatización salitrera, intentaran dar un soplo de esperanza a todos aquellos sectores a los cuales la crisis había desposeído. Para el ministro civilista, en el seno de «las desgracias inevitables» de la política estabilizadora del régimen venía envuelto «un grande y profundo principio de vida»253. 152

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