significó la eliminación del déficit fiscal que siguió creciendo como una hidra a lo largo del período. La imperiosa necesidad de cubrir dicho déficit —de aproximadamente 8 500 000 soles—, y cuya totalidad servía básicamente para afrontar los gastos internos del país, obligó al gobierno a recurrir no solo a la subida de los aranceles aduaneros y a la creación de un impuesto a la exportación del salitre, sino a la negociación de un nuevo empréstito con la banca europea, a través de cuyo análisis es posible evidenciar el entrampamiento económico en el que estuvieron inmersos los artífices del «Estado Civilista». En 1873, el gobierno de Manuel Pardo nombró un comisionado especial en París, Carlos Gonzales de Candamo, con dos importantes misiones: negociar la deuda externa y buscar un agente financiero que sustituyera a Augusto Dreyfus. Parte de la «delicadísima negociación» de Gonzales de Candamo fue establecer, asimismo, las condiciones adecuadas para la emisión de un nuevo empréstito para el Perú y conseguir un stand by de dos millones de libras esterlinas con la finalidad de afrontar los gastos urgentes del gobierno, entre los que se encontraba el pago de lo adeudado a Dreyfus. Para lograrlo era imprescindible realizar una campaña a favor de «la buena fe y honorabilidad» del gobierno peruano. En pocas palabras, el banquero Gonzales de Candamo debía crear las condiciones necesarias en el mundo de las altas finanzas parisinas para que se reestablecieran los flujos de capital europeo hacia el Perú249. A través de la lectura de la copiosa correspondencia entre el presidente Pardo y su enviado especial, Gonzales de Candamo, es posible aproximarse a las vicisitudes económicas por las que atravesó el país durante la administración civilista y a la estrecha dependencia económica del Estado peruano frente al capitalismo internacional que estableció el «modelo guanero». Es justamente en el contexto de la ausencia de autonomía estatal peruana, en relación con sus procesos económicos internos, que es posible entender la cruda descripción que hizo el presidente Pardo sobre los agentes financieros del gran capital europeo. Aquellos, «insaciables en su codicia» e implacables en ajustar «las cadenas con que se ha aprisionado al Perú en sus manos», tenían, desde sus lejanos bufetes parisinos, absoluto control sobre la situación económica y financiera del país250. En setiembre de 1873 y en medio de arduas negociaciones, Pardo explicaba a su enviado cómo la situación fiscal y económica del país se tornaría sumamente grave y de «difícil remedio» si el empréstito no se realizaba. Este sería utilizado como arma para 150
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