La utopía republicana

recurso. Ya en sus tempranos artículos en la Revista de Lima (1859-1862), el futuro presidente fue el abanderado del grupo que luchó por utilizar productivamente los recursos fiscales generados por el guano (Gootenberg, 1993, pp. 71-111; Mc Evoy, 1994a, pp. 54-63). La política económica que Pardo implementó durante los pocos meses que organizó y dirigió la Secretaría de Hacienda en el gobierno de Prado (1865-1866) no hizo más que poner en marcha la política estabilizadora, que muchos críticos reclamaban con insistencia. En aquel importante intento de reforma fiscal se contempló la implementación de una agresiva política tributaria que independizara al Estado de los recursos generados por el guano, la revisión total de los contratos con los consignatarios, la reorganización de la burocracia económica y la descentralización económica. Sin embargo, la intensa reacción contra la política reformista implementada obligó a Pardo a renunciar tempranamente a su cargo. Algunos meses después de su dimisión, todas las reformas fiscales fueron completamente desactivadas (Mc Evoy, 1994a, p. 62). La reacción conservadora, que desde el norte y el sur del país atenazó al gobierno reformista de Mariano Ignacio Prado, triunfó finalmente en 1868. La guerra civil que provocó esta nueva lucha incrementó por enésima vez el inmanejable déficit fiscal. Luego de establecerse la paz y del corto interinato del caudillo sureño Pedro Díez Canseco, asumió el poder el caudillo del norte, coronel José Balta. En el transcurso de su gobierno, 1868-1872, y como anteriormente hemos señalado, se le otorgó el monopolio de la comercialización del guano a Dreyfus, y la deuda creció de una manera geométrica. En 1868, aquella era de 45 millones de pesos y el déficit fiscal, de 17 millones. El ya común sistema de descuentos sobre el guano llegó a tal grado de descontrol que durante la administración baltista se adelantaron los recursos de 28 años para vivir con ellos el corto espacio de 40 meses (Mc Evoy, 1994a, 62). En medio de esta «orgía financiera», como alguien la denominó, se iniciaron las importantes obras públicas, principalmente ferrocarrileras, que caracterizaron a la administración baltista. Dejando de lado por un momento los agudos comentarios de los implacables críticos y la anterior crónica de desaciertos, cabe señalar que no todo fue negativo en el lucrativo negocio del guano. Este, tal vez sin proponérselo, fertilizó indirectamente a otros sectores de la producción del país. La ganadería, la producción azucarera y algodonera, la industria lanera, la actividad bancaria y de servicios crecieron o se fortalecieron a la 145

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