económico que planteaba Pardo en su mensaje presidencial de 1872 o era irreversible el daño provocado por el manejo inadecuado de la economía guanera en el seno de la sociedad peruana? El descubrimiento del guano coincidió, como hemos visto en el primer capítulo, con la hegemonización en 1845 del grupo militar acaudillado por Ramón Castilla. Es por ello que el triunfante general tarapaqueño tuvo la posibilidad de utilizar gran parte de los recursos guaneros para la consolidación de una maquinaria política, capaz de mantener la estabilidad y el orden a lo largo del país. Los ingresos generados por el guano se utilizaron mayormente para comprar la paz social, mediante la implementación de una burocracia cívico-militar nacional, y en menor medida para modernizar la infraestructura e introducir algunas mejoras en los servicios urbanos y la educación (Basadre, 1983, t. III, pp. 234-235). Durante el gobierno del sucesor de Castilla, el general José Rufino Echenique, 1851-1854, se produjo el proceso de consolidación de la deuda interna generada durante las guerras de la Independencia. La idea principal que sustentaba aquella operación era proveer a los peruanos de los capitales necesarios para coadyuvar al desarrollo del país. Obviamente estos capitales provenían del comercio guanero y fueron a dar, debido a una serie de operaciones financieras, a manos de un grupo muy reducido de comerciantes (Quiroz, 1987a, especialmente las conclusiones). Entre 1854-1862, los enfrentamientos políticos, aparentemente neutralizados por la política conciliadora de Castilla, volvieron a aflorar, en parte por los escándalos que la consolidación provocó y en parte por el renacimiento de los faccionalismos políticos y de la ideología cívicorepublicana. En este contexto, una gran cantidad de las ganancias del monopolio estatal sirvieron para cubrir los gastos de las endémicas guerras civiles, que asolaron al país intermitentemente desde 1854 en adelante. A partir de este crucial año la ecuación guano-guerra civil dio inicio a la destrucción sistemática de la hacienda pública peruana. A inicios de la década de 1860, José Casimiro Ulloa, articulista de la Revista de Lima, señalaba cómo una gran parte de la riqueza guanera había servido «para suministrar combustible a la hoguera de las guerras civiles que desde la independencia estaba encendida en la República»234. Las guerras de 1854 y 1856, que duplicaron a las clases militares, costaron al país 53 millones de pesos; y la expedición contra el Ecuador, que originó el anticipo en 1860 de los productos del guano de 1861-62, 50 millones de pesos más. Como consecuencia de la revolución liberal de 1854, que volvió a colocar a 143
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