estatal; así como sus elementos democratizadores: educación y formación del ciudadano republicano. Al acercarme a los condicionamientos que confrontó la «República Práctica» priorizaré la crisis del modelo guanero y posterior bancarrota del Estado peruano, y las resistencias locales frente al proceso de injerencia estatal sobre las autonomías políticas y culturales adquiridas. CONSTRUCCIÓN ESTATAL Y CRISIS FISCAL En el mensaje que dio el nuevo presidente, un mes después de su inauguración, la situación económica del país fue presentada de manera cruda y explícita. Luego de establecer un recuento pormenorizado de la realidad rentística peruana, Pardo expresó ante los representantes del Congreso la tarea histórica en la que se encontraban todos abocados. El Perú se hallaba, en sus palabras, en el punto de partida de dos caminos conducentes a resultados opuestos. Esta situación de encrucijada nacional solo podía ser resuelta por las decisiones que tomaran los legisladores. De la «misión» que aquellos debían cumplir, y de la cual deberían dar cuenta a «sus conciudadanos, a las generaciones futuras, al presente y a la historia», dependía la grandeza de la República. Así pues, para el mandatario la tarea fundamental era dar un viraje de 180 grados en la conducción económica del país y llevar a cabo, de esa manera, «la salvación financiera de la comunidad peruana». El flamante presidente tenía fe en que el país, que había mostrado su vigor en la reconquista de sus derechos políticos, sería capaz de colaborar en esta complicada, pero, a la vez, decisiva tarea. El Perú solo demandaba de los legisladores «la mano que pide ansioso para salvarse»228. El enfermo, sin embargo, tenía múltiples males y estos tenían una historia clínica larga y compleja. Entre 1845 y 1880 el Perú monopolizó el comercio del guano, único fertilizante asequible a la agricultura, en los años en que Europa occidental atravesaba por una intensa revolución agrícola. A pesar de que el Estado peruano participó de un 71% de la ganancia total en las ventas finales del producto —750 millones de pesos/dólares aproximadamente—, el país mostró poco progreso económico y, paradójicamente, se vio envuelto en una fiebre especulativa y financiera que finalmente lo condujo a la bancarrota fiscal de 1874. Los recursos generados por el guano, que pudieron haberse convertido en el puntal del despegue económico del país, fueron, por el contrario, dilapidados, y lo que resultó siendo más grave, posibilitaron un impresionante endeudamiento estatal garantizado por el 140
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