La utopía republicana

sus riquísimas tierras les fueron confiscadas. Sin embargo, y a pesar de esas limitaciones, la república institucional, con su discurso ciudadano además de su sistema de checks and balances, fue instaurada y las elecciones se convirtieron en el mecanismo para una transferencia ordenada del poder. Esto permitió la relativa estabilidad política y el progreso material que tanto fascinó a los intelectuales latinoamericanos, entre ellos el peruano José Arnaldo Márquez, que visitaron al gigante del Norte a lo largo del siglo XIX (Mc Evoy, 2003). El análisis de la vida y obra de Manuel Pardo me permitió adentrarme en una de las etapas más interesantes y a la vez dramáticas del siglo XIX (Mc Evoy, 1994a). No solo porque los civiles, aglutinados inicialmente en la Sociedad Independencia Electoral, lograron arrebatar el poder a los militares, sino porque durante su titánica labor renovaron la política, al dotarla de organización, doctrina y contenido. Mi descubrimiento en el Archivo General de la Nación de la copiosa correspondencia de Manuel Pardo, nunca antes utilizada por mis colegas historiadores, me ayudó a penetrar las redes políticas diseñadas por los civiles con la finalidad de ganar unas elecciones que, a diferencia de lo que usualmente se pensó, fueron disputadas a nivel nacional. Todavía recuerdo esas tardes de invierno en las que mediante la lectura de cientos de cartas —dirigidas a Pardo y a su comando limeño— empecé a entender la naturaleza de la maquinaria política y comunicacional que el futuro civilismo logró montar, desde Tumbes hasta Puno. Con mi primer libro de Manuel Pardo en la imprenta y la impresionante correspondencia de la vibrante campaña presidencial de 1871-1872, fichada e incluso analizada en un artículo pionero sobre elecciones en el Perú2, partí rumbo a California para hacer un doctorado en Historia Latinoamericana. En mis clases de la Universidad de California-San Diego me encontré con una serie de autores que fortalecieron mi interés en la historia política, desdeñada por la historiografía peruana, y me introduje, además, en un mundo conceptual novedoso: el republicanismo. Este marco teórico que he analizado a lo largo de los años, ha sido enriquecido en sus diferentes vertientes: la patria científica, jurídica e incluso militar. En efecto, mi aporte a la discusión historiográfica del siglo XIX, que se plasma en este libro que cumple dos décadas de publicado por el Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica, tiene que ver con la teoría y con la praxis del republicanismo, que fue resignificado hasta mutar en la denominada Patria Nueva, iniciado el siglo XX. 14

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