La utopía republicana

«bendiciones de la Patria». La congregación, en torno al «lábaro santo» de la ley, daba a los miembros de la Sociedad Independencia Electoral la sensación de estar participando en una «cruzada moral» regeneradora en la cual tenía lugar un combate cuasi religioso entre las fuerzas del bien y del mal. Es probable que la necesidad de crear una mística, capaz de motivar y organizar al tan requerido y elusivo ciudadano, haya empujado a la dirigencia a recurrir a todo el arsenal conceptual disponible. Categorías tradicionales del pensamiento católico como Providencia, la mano de Dios, la lucha del bien contra el mal y el arca de la alianza sirvieron, por otro lado, para aglutinar un cuerpo político sumamente heterogéneo en un momento de agudo conflicto socioeconómico212. El argumento difusamente populista de volver a las reservas culturales de la nación no solo se circunscribió a las «pascanas» del pintor Francisco Laso; a la fundación, por parte de un grupo bien intencionado de peruanos, de la Sociedad Amigos de los Indios; a los sentimentales acordes de la canción «Mi Patria», del inventor Pedro Ruíz Gallo, o a los disfraces incaicos de las hijas del futuro vicepresidente civil, Manuel Costas, sino a la percepción, por parte de las élites limeñas y del interior, de las inmensas riquezas humanas y materiales que tenía el Perú. En efecto, la reformulación del ideal republicano fue paralelo, también, al crecimiento de una joven y vigorosa identidad nacional. Por su parte, la fundación en 1859 de la Revista de Lima, órgano de expresión de la élite intelectual limeña, en que aparecieron «artículos peruanos por su origen y tendencia», mostró que la capital del país estaba tratando de imaginar cómo era el resto del Perú. Los trabajos de Antonio Raimondi sobre Loreto, de Próspero Pereira sobre Piura y de Carlos Basadre sobre Tacna evidenciaron que los círculos intelectuales capitalinos estaban deseosos de saber más sobre los desconocidos confines del territorio nacional213. Por otro lado, la publicación en 1862 de los trabajos geográficos de Mateo Paz Soldán; la aparición en 1868 del primer volumen de Historia del Perú Independiente, de su hermano Mariano Felipe; la «exacerbación» del patriotismo en la literatura de 1864-1866; la referencia de Sebastián Lorente, con motivo de la apertura del año académico de 1866, al rol de la historia en la conformación de la «nacionalidad» peruana, ponen de manifiesto que la identidad nacional estaba en un proceso de florecimiento en la década de 1860 (Mateo Paz Soldán, 1862 y 1865; Mariano Felipe Paz Soldán, 1868; Aurelio García y García, 1866). Sin embargo, solo fue en una situación de peligro real para 122

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx