El ideal de la República fue el catalizador de muchos desarrollos políticos, intelectuales, sociales y económicos que habían venido dándose desordenadamente en el Perú durante las determinantes décadas de la «prosperidad falaz». En la resurrección del viejo sueño republicano, donde muchos intereses diversos confluyeron, no existió, en consecuencia, una linealidad ni una claridad absoluta. La complejidad de la situación socioeconómica y la dramática secuencia de acontecimientos políticos por los que atravesó el país durante los años del boom guanero predispusieron a los miembros de la Sociedad Independencia Electoral a ensayar soluciones en las cuales la ampliación de las bases de poder y la integración política nacional fueron tareas ineludibles. Por otro lado, la expansión de frágiles «sectores medios» —especialmente en Lima—, el florecimiento de una prensa combativa, la proliferación de los clubes políticos y los constantes escándalos y corruptelas —falsos o verdaderos— del gobierno se combinaron para crear una opinión pública receptiva a un renovador discurso, que ofrecía esperanzas de un cambio radical en el manejo político y económico del país. Los frustrados experimentos reformistas de 1854 y 1865, imaginados por civiles y ejecutados por militares, habían demostrado a los civiles que la opción autoritaria era inviable (Basadre, 1929b; Mc Evoy, 1994a, pp. 54-63). El autoritarismo, por otro lado, estaba relacionado con los hombres en el poder y con el modelo patrimonialista que la economía guanera había contribuido a consolidar. El consenso que se formó fue a favor de reunir y estrechar un movimiento cívico-republicano capaz de devolverle la voz y la participación política a los ciudadanos u «hombres laboriosos que formaban la nación». Es por ello que la plataforma republicano-democrática, formulada por la asociación política liderada por Manuel Pardo, intentó recrear, mediante la revitalización de la política municipal, los frustrados ideales descentralizadores de varias décadas. Lo anterior permite explicar la receptividad del nuevo discurso político en las provincias y departamentos del interior211. El replanteamiento del ideal republicano debe de ubicarse, asimismo, en el ambiente romántico que primaba aún en algunos círculos intelectuales limeños, en los que «el pueblo» era visto como un reservorio inagotable de energía, capaz de revitalizar a un organismo social enfermo; y el republicanismo, como una actitud moral y humanista. Para Manuel Pardo, la ciudadanía tomaba la forma de un «sacerdocio» que, si se realizaba con justicia y firmeza, recibiría el «premio de la Providencia» y las 121
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