entre el poder central y los poderes locales. En ella, el Estado, debido a las ingentes cantidades de dinero generadas por el guano, fue capaz de dispensar sus favores económicos a las provincias a cambio de la lealtad y sometimiento de las autoridades locales. En zonas donde no existía una producción estable, «el patronazgo de los cargos» resultó siendo una carnada interesante para los futuros aliados del gobierno. En lugares donde aquella producción sí existía, como en el caso de Puno, la alianza con el gobierno permitía «legalizar» el enriquecimiento y el abuso de las autoridades leales. Esta institucionalidad informal probablemente diseñada, al igual que el modelo electoral, por Castilla concedía cierto grado de autonomía a los grupos de poder local, frente a sus subordinados, básicamente los indios. En consecuencia, el modelo guanero posibilitó la creación de maquinarias políticas dependientes del poder central —pero con relativa autonomía local— en todo el país. Así, la ruptura de los vínculos tributarios provocó la consolidación de los poderes locales con la venia del Ejecutivo. Es por ello que resultaba sumamente ilustrativa la denuncia de los miembros de la Sociedad Amiga de los Indios contra la «contemporización» permanente del gobierno con los abusivos prefectos, subprefectos y jefes militares del interior del país206. El informe presentado por Manuel Pardo al Congreso de 1867, a raíz del levantamiento en Puno y del asesinato de Bustamante a manos de uno de los miembros de la maquinaria política puneña —el subprefecto Recharte —mostró no solo la posición crítica de los grupos reformistas limeños frente al problema del «aislamiento» de las provincias del interior, sino también la existencia de una tendencia ideológica por revertir el modelo político guanero y reintegrar a los indígenas, a través de la reimposición del tributo, en una comunidad nacional (Pardo, 1867). La anterior alternativa pudo resultar interesante para los núcleos liberales puneños, acorralados por la reacción de los intermediarios políticos como Recharte, y despertar, asimismo, el interés de los tan requeridos «productores locales», quienes podían volver a intermediar, debido a la presión tributaria, entre la economía de subsistencia andina y la economía de cambio (Maiguashca, 1967, pp. 73-74). En el informe de Pardo se hacían evidentes muchas inquietudes del grupo reformista, que más tarde se aglutinaría políticamente en la Sociedad Independencia Electoral. Entre aquellas resaltan la crítica al centralismo limeño, la preocupación por la fragmentación del país y la defensa del tributo como mecanismo para la integración económica y 118
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