La utopía republicana

Medina y Manuel Aparicio, los periodistas Manuel Amunátegui y Cesáreo Chacaltana, y el congresista José Nicolás Hurtado, entre otros—, elaborarán un programa en defensa de las mayorías indígenas. El establecimiento de la Sociedad Amigos de los Indios, que desde su inicio fue duramente cuestionada por gamonales y autoridades locales, pone de manifiesto las dimensiones ideológicas de un decisivo y fundamental combate político. De sus resultados dependía no solo el mejoramiento de las condiciones de vida de los indígenas, sino la victoria o el fracaso del proyecto liberal integrador. La constante alusión de Bustamante a la necesidad urgente de que «la ley [proteja] a todos los individuos que forman la gran familia del Perú» y al derecho legítimo que los indios tenían a dicha protección, por su participación activa junto a los liberales «en la gloriosa jornada de La Palma», muestran la necesidad que sentían los núcleos liberales puneños de romper el control de los intermediarios políticos sobre la «reserva andina»205. En la carta abierta a la opinión pública que envió en nombre de la Sociedad Amiga de los Indios, el general Medina, futuro dirigente de la Sociedad Independencia Electoral en Puno, puso de manifiesto la posición frente a los indígenas que más adelante asumirían los civilistas. Así, Medina subrayaba la urgente necesidad de sacar de «su abatimiento y humillación» a las tres cuartas partes de los peruanos que formaban la numerosa casta indígena. La mejor manera de hacerlo era convirtiéndolos en «ciudadanos útiles». El exprefecto de Puno puntualizaba el contrasentido de pretender ser un «pueblo republicano» con una proporción de «compatriotas» reducida a la «condición de parias» (Vásquez, 1976, p. 157). Era obvio que resultaba sumamente difícil para los nuevos grupos políticos y económicos locales asentar sus intereses materiales e ideológicos frente a las aristocracias terratenientes tradicionales, cuyo poder descansaba en una compleja y aún desconocida red de alianzas sociopolíticas. Por otro lado, la abolición del tributo indígena, paradójicamente debido a las presiones de los liberales en 1854 y a la bonanza fiscal propiciada por el «boom guanero», había tenido dos consecuencias no previstas por los reformadores: la retracción de la producción y consecuente subida de precios en las provincias del interior, y la separación del indio de «la solidaridad nacional» (Dávalos y Lissón, 1919-1930, pp. 101-103). La ruptura de los vínculos tributarios entre Lima y el interior fue preparando los cimientos para el surgimiento de una relación simbiótica 117

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