ricos guaneros y del pueblo indiferente e inculto. Juan Espinosa, copartidario del anterior, había aludido en su popular diccionario el poco poder que poseían los sectores medios en el diseño de las políticas que les competían (Lissón, 1865; Espinosa, 1855, p. 66). Es por lo anterior que, en 1869, probablemente para medir el pulso al estado social del resto del país y para buscar productores alternativos a los «ricos guaneros», Lissón y Espinosa, junto a otros futuros líderes de Sociedad Independencia Electoral —entre ellos los dirigentes de los gremios artesanales y su candidato, el alcalde en función, Manuel Pardo—, colaboraron en la organización de la primera Exposición Industrial Nacional del Perú. El llamado dicho evento surgió para «abrir la competencia entre todos los artesanos y productores» y «dar a conocer al país las fuerzas y los progresos de la industria». En el discurso de inauguración de dicho evento, el 29 de julio de 1869, Manuel Pardo hizo referencia al completo olvido en que había estado el movimiento industrial en el Perú, debido a las permanentes luchas políticas y a la indiferencia por los trabajos de paz. En sus palabras, era necesario retemplar dicho movimiento y unir a los círculos sociales «en un sentimiento unánime, aglomerando a la vista del pueblo los ignorados y dispersos resultados del trabajo industrial». Así, una muestra pública de la producción nacional avivaría forzosamente, en palabras de Pardo, la esperanza de los peruanos, estrechándolos «los unos a los otros» y enseñándoles «en los resultados de los esfuerzos de todos, el aprecio debido al esfuerzo de cada uno»191. La exitosa Exposición Industrial, «sorprendente revelación al país de desconocidas fuerzas y de nuevas esperanzas», a decir de un articulista de El Comercio, atrajo medio millar de expositores nacionales a la capital de la república e hizo posible reunir y admirar, por primera vez en la historia, la diversidad y riqueza de la producción nacional192. Esta «comunidad de productores independientes» —agricultores, industriales, profesionales, técnicos y artesanos—, base social a la cual el sansimonismo pretendió dar un activo rol político, pudo ser el punto de partida teórico para la construcción de una «comunidad política imaginaria» en la mente de Pardo y de muchos de los miembros del fugaz gobierno municipal de 1869. El grupo de sus cercanos colaboradores — entre los que se encontraban José de la Riva-Agüero, Francisco Rosas, Aurelio Denegri, José María Sancho Dávila, Carlos Lissón y varios dirigentes de gremios artesanales, que luego serían fundadores de la Sociedad Independencia Electoral— debió leer los cambios 112
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