representaba uno de los raros «sectores medios» en el Perú. El otro sector, más pequeño probablemente que el anterior, estaba conformado por los burócratas, profesores universitarios, comerciantes, profesionales y pequeños agricultores (Gootenberg, 1993, pp. 32 y 33)190. El folleto de propaganda publicado en 1871 y firmado por Ricardo Monti, gestor de una sociedad de crédito que tenía por objeto construir viviendas para las clases «proletaria y media» a las que, según sus palabras, se debían promover por razones de conveniencia social y de progreso, da cuenta de la importancia que tenían aquellos grupos sociales durante los controversiales años de la «prosperidad falaz». La profunda crisis del modelo guanero, que para fines de la década de 1860 estaba golpeando a cada vez más amplios sectores de la ciudad, permitió retomar las propuestas desarrollistas de décadas anteriores (Monti,1871; Mc Evoy, 1994a, pp. 285-286; Gootenberg, 1993, pp. 17-19, 28-31, y 61-63). Era probable, en consecuencia, que el «ciudadano» imaginado por la Sociedad Independencia Electoral debía tener su vanguardia y fuerza de choque en estos sectores medios algo difusos y débiles, pero que debido a las transformaciones socioeconómicas generadas por la «prosperidad falaz» ya empezaban a mostrar algunos rasgos de su desconocido rostro. La reunión del 2 de mayo de 1871 en el Teatro Odeón, en la que se presentó oficialmente aquella asociación política, buscó exponer al público limeño un boceto más claro del ciudadano modelo tantas veces convocado. En la lista de los nombres de los asistentes a la reunión, junto a los cuales figuraban sus actividades, había una gran mayoría de artesanos, jornaleros y peones. En segundo lugar, se encontraban los comerciantes, seguidos de los militares, los burócratas, los estudiantes, los médicos y los profesores (Mc Evoy, 1994a, p. 223 y tabla 2, pp. 335-343). Esta misma convocatoria a los hombres de trabajo fue repetida a lo largo de las principales provincias y departamentos del Perú. La noción de articular a todas las «clases laboriosas» del país con la finalidad de establecer una fuerza superior al de las individualidades aisladas ya había sido esbozada con anterioridad por algunos líderes de la Sociedad Independencia Electoral. Carlos Lissón —abogado y catedrático de San Marcos, dirigente activo en la revolución liberal de 1854 y miembro del Club Universitario—, retomando las viejas preocupaciones de los miembros del Club El Progreso, había señalado en 1865, en su obra La República en el Perú y la cuestión peruano-española, que la entidad republicana siempre sería una farsa si reposaba en la bipolaridad de los 111
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