La utopía republicana

que privó durante algunos meses al Estado de los recursos de las islas de Chincha; el violento y devastador terremoto que se sintió desde Áncash hasta Chile y que destruyó las ciudades de Moquegua y Arica; la sangrienta rebelión indígena en Puno, y por si fuera poco, una mortal peste de fiebre amarilla en la costa, que golpeó cruelmente a una Lima desprevenida y sin recursos, fueron las manifestaciones contundentes de que algo estaba funcionando mal en el país. En este difícil contexto, el ideal de la República se constituyó en una esperanza de cambio y regeneración165. Los graves problemas por los que atravesó el Perú impusieron la búsqueda de soluciones nacionales. La crisis general del modelo político castillista fue creando las condiciones para un frente político nacional de amplia base. Las circunstancias históricas obraron a favor de la opción republicana166. 1871, año en que piquetes de asalariados derrumbaban diligentemente los muros coloniales de la ciudad, no solo marcó uno de los puntos más altos en la exportación guanera y la subsecuente «danza de los millones» que se desató, sino que trajo a la palestra a un grupo social y políticamente heterogéneo, que además de evidenciar esperanzas liberales y patrióticas, mostró hondas preocupaciones sociales. El auge de la economía guanera, que paradójicamente había enriquecido a varios de los dirigentes de la Sociedad Independencia Electoral, permitiendo el acceso de dicha asociación a grandes sumas de dinero a través de contribuciones proelectorales, había causado también graves y profundos desequilibrios en la sociedad peruana167. El rostro urbano Para la década de 1860 Lima cambiaba su rostro rápidamente. Ello se debía a que la «prosperidad falaz» generada por la consolidación y la exportación guanera había determinado una serie de aceleradas transformaciones sociales que se manifestaron no solo en la emergencia de nuevos grupos económicos —constructores de magníficas casas de veraneo en el Chorrillos, fundadores de bancos y empresas financieras, asiduos concurrentes al teatro y la ópera, visitantes regulares del viejo continente, así como importadores y consumidores de la última moda parisien—, sino también en el aumento de la población, los problemas de alojamiento, la carestía de alimentos y la aparición de conflictos sociales; es decir, la cara menos feliz de la expansión económica168. 103

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