La utopía republicana

la legitimidad con el desprestigiado gobierno de Balta y con su candidato oficial, ganando palmo a palmo las adhesiones de provincias y departamentos. La espera impaciente en cada rincón del país por la llegada del correo —portador de cartas y periódicos que la agrupación política liderada por Pardo procesaba y distribuía febrilmente con la ayuda de periodistas comprometidos con la causa— denota cómo el combate ideológico se vivió con intensidad en los diferentes departamentos y provincias del país y cómo los periódicos se erigieron en los «organizadores colectivos» de la campaña electoral. Es por lo anterior que, como parte de la política represiva del gobierno de Balta, las imprentas, periódicos y periodistas afiliados a la Sociedad Independencia Electoral fueron el centro de los más duros ataques163. Lentamente, a través de un intenso trabajo político de catorce meses de ardua campaña, se gestó un sólido aparato partidario formado por círculos parlamentarios, asociaciones y prensa. De esta manera, la joven asociación electoral se convirtió en un poderoso rival de la candidatura oficialista del abogado Antonio Arenas, que el gobierno finalmente apadrinó en noviembre de 1871164. El ideal de la República fue colocándose en una posición privilegiada y despertó las simpatías de muchos de los electores limeños y provincianos. Aquella tenía un pasado honroso y legítimo, constantemente relevado por la dirigencia, y una opinión pública que la apoyaba. Sus oportunidades de llegar al poder se incrementaron en la medida que el gobierno de Balta se fue desacreditando. Lo que cabría averiguar es ¿qué estaba ocurriendo en el país para que una propuesta política contestataria ganara fuerza? ¿Cuáles eran las condiciones socioeconómicas que actuaron como combustible de este gran descontento, que la Sociedad Independencia Electoral logró traducir políticamente? ¿Qué tipo de transformaciones estaba produciendo esta milagrosa «fusión nacional» de elementos tan dispares? UNA SOCIEDAD EN CRISIS La década de 1860 fue especialmente convulsionada para el Perú pues no solo fue testigo de las endémicas guerras civiles, intermitentes desde la independencia, sino que expresó en toda su magnitud la fragilidad del sistema político y económico prevaleciente. La «larga procesión de desgracias», aludida en 1869 por un editorialista de El Nacional, entre las que se destacaban: la «crisis anunciada» del modelo guanero; la sucesión de ocho gobiernos militares en diez años; la costosa guerra contra España, 102

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