La utopía republicana

José Antonio de Lavalle, 27 de agosto de 1871 citada en Mc Evoy, 1994a, pp. 8182). El «silencio absoluto» que la eficiente organización partidaria hizo reinar, probablemente por algunas horas en medio de una Lima ruidosa y laberintosa, hablaba más que mil palabras. La intención obvia era hacer alarde público del autocontrol de un cuerpo político, unificado y disciplinado, que, al desfilar militarmente por el corazón de la capital, desafiaba abiertamente una práctica permanente de ocupación desordenada y violenta de los espacios públicos. La demostración pública de civilidad limeña del 6 de agosto corrió como un reguero de pólvora por todo el país. Las lecciones de propiedad y «compostura» ejecutadas por los «batallones cívicos» de la capital fueron repetidas en las más importantes ciudades peruanas. Es así como en el Callao, Arequipa, Puno, Cusco, Pasco, Huancavelica, Huancayo, Tarma, Huaraz, Trujillo y Piura se llevaron a cabo similares reuniones partidarias, en las que se exhibió «moderación, compostura y dignidad republicana»160. Así pues, los departamentos y provincias reflejaron como espejos lo que la imaginación política limeña proyectó. En efecto, durante esos intensos catorce meses de campaña, la capital del Perú se volví una eficiente generadora de ideas y símbolos que fueron irradiados a lo largo de las zonas urbanas nacionales161. Sin embargo, en medio del combate político, y en aras de obtener la victoria, la Sociedad Independencia Electoral también apeló a las tan despreciadas «costumbres electorales» tradicionales. En tal contexto, el dinero circuló con la misma intensidad que lo hicieron los símbolos y la información (Mc Evoy, 1994b). La producción, manejo y traslado de información resultó ser uno de los motores imprescindibles de la campaña. El rol que desempeñaron el correo y el telégrafo dentro de la tarea de articulación política y de agilización de las comunicaciones nacionales fue una de las piezas fundamentales no solo de la tarea de socialización cívica que Lima intentó fomentar, sino en la de integración intelectual de los partidarios de la capital con los de los departamentos y provincias del interior. Para lo anterior, fue decisiva la cooptación del periodismo limeño y departamental para fines de propaganda. Los periódicos fueron escenarios permanentes de organización y discusión162. La manipulación de la información, que a manera de un flujo sanguíneo circulaba por las principales ciudades del Perú, le dio a la Sociedad Independencia Electoral un poder simbólico sobre las mentes de sus simpatizantes. De esta manera fue posible disputar 101

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