La utopía republicana

se propuso la Sociedad Independencia Electoral fue la de «civilizar» los espacios públicos, calles, plazas, parques, quintas y zonas de reunión popular; así como los espacios generadores de ideas, como periódicos y folletos, para propiciar la ocupación ordenada y disciplinada de los primeros y el fomento de un periodismo, que además de combativo, fuera formador de opinión (Habermas, 1989, pp. 89-102). De esta manera se intentó modernizar la esfera pública, convirtiéndola en un lugar donde la participación política fuera significativa y capaz de generar y comunicar valores y símbolos. El desfile silencioso por las calles más céntricas de Lima de 10 500 partidarios, que convergieron ordenadamente para reunirse en la Plaza de Acho, tuvo por finalidad desplegar públicamente la fuerza política con la que la Sociedad Independencia Electoral contaba; asimismo, se enviaron señales de un comportamiento cívico y autodisciplinado dentro y fuera del país. La descripción detallada del desfile y reunión por parte del candidato presidencial Manuel Pardo en una de sus innumerables cartas puede aproximarnos a lo que aconteció en ese mediodía invernal limeño. Nada nuevo por estos barrios a no ser la espléndida reunión del 6 de que no te he hablado, pero de que te habrán impuesto los diarios. No tienes idea de la impresión producida por ella en la ciudad toda y muy especialmente en los estrangeros y más aún en el cuerpo diplomático desde el Delegado hasta abajo. Tú sabes que tenemos el partido dividido en secciones cada una de 5 a 10 decenas. Las de Lima son 200 secciones. Citados ese día los individuos de cada sección para las doce en casa de su jefe, para la una las secciones comenzaron a agruparse en cada parroquia; arreglando los relojes desde la víspera, comenzaron a moverse las parroquias a la una y media, a tomar alternativamente el jirón de Espaderos a Acho, entrando por la derecha a la izquierda de la plazuela de la Merced, cada parroquia con su comisión a la cabeza, y cada sección de 4 de fondo con su jefe al costado. Esta columna enorme de 10 500 comenzaba a entrar al Acho cuando continuaba aún el desfile por la plaza de la Merced. La guarnición sobre las armas en sus cuarteles, la gendarmería en las plazuelas, el Presidente viendo el desfile detrás de una cortina de su balcón, y el silencio absoluto que se había dado como consigna a esa masa la más grande que Lima ha visto organizada, daban al día el aspecto más imponente y grandioso que puedes figurarte. Una vez en Acho comenzaron los discursos, desde las galerías, las aclamaciones y la bulla, pero con tal compostura, que habiendo bebido un individuo más de lo conveniente, y diciendo algo de lo que es el pan cotidiano de Acho, los mismos de su sección lo pusieron en la puerta (carta de Manuel Pardo a 100

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