Ahora bien, si la introducción del republicanismo tanto como llave heurística como valor político me parece vital y es, sin duda, uno de los aportes centrales del libro, creo que he añorado un uso más tajante del mismo cuando categoriza a ciertos presidentes, regímenes o eventos. El lector podrá evaluarlo por sí mismo. No me queda duda de que el proyecto civilista de Manuel Pardo recoge muchas de las dimensiones tradicionales del republicanismo —la virtud cívica, la confianza en el ciudadano, la educación como instrumento de cohesión nacional, el rechazo a la arbitrariedad, etcétera—. Y, a su vez, estas aspiraciones reaparecen cíclicamente en el país demostrando resistencia y vigencia. Pero a veces Mc Evoy califica eventos, presidentes o regímenes como casos de republicanismo «con adjetivos» —«republicanismo conservador», «republicanismo autoritario», «republicanismo radical»— que pueden diluir la fuerza del sustantivo «republicano». Es decir, en algunos casos, creo que no estamos ante especies del género «republicano», sino frente a bichos políticos pertenecientes al género «antirrepublicano». En todo caso, el lector podrá evaluarlo y, quién sabe, concluir que se me han pasado las cucharadas de jacobinismo. Para terminar, quiero subrayar la fuerza de este libro más allá de las naturales fronteras de su gremio profesional. Para quienes no somos historiadores, los libros de historia suelen interesarnos si interpelan de alguna manera el presente que transitamos. LUR hace esto mismo gracias a distintas virtudes. En primer lugar, por la «voz» de Mc Evoy. El libro carga una convicción inseparable del análisis y la narración. En este recorrido por el siglo XIX, Mc Evoy nos obliga a ver que el Perú ha producido esfuerzos de aplauso y otros de espanto; que hace falta separar serenamente la paja del trigo; y que también se debe fustigar severamente cuando cedemos, con más frecuencia de la debida, ante la ribeyreana tentación del fracaso. En realidad, esa voz, que combina con precisión el análisis sereno y el campanazo de urgencia, no es solo ni principalmente la de una historiadora del republicanismo, es la de una ciudadana. Este libro de Carmen Mc Evoy —y mucho de su obra posterior— es eslabón contemporáneo de aquel republicanismo que ella ha estudiado en el XIX. Y podemos asignarle ese linaje político e intelectual porque el modelo teórico que presenta en este libro es suficientemente abarcador para hablarle a diversos contextos históricos. En tal sentido, este libro tiene algo de ensayo, general e interpretativo. Desborda los marcos de la monografía histórica predominante hoy, restringida a la pequeña provincia y a su 10
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