LA IGLESIA PUNEÑA. · HJ#!icim a A&t . weik e,;pppa ""t&et-m e ns;ae Empero esas leyes deben considerarse to<lá.via bajo otro aspecto. La Iglesia, con su mirada iluminada por la fé, ha penetrado hasta fo íntimo de la naturaleza humana. El hombre es culpable; y de ahí es que todos nosotros, reyes y súbditos, ricos y pobres, debemos purgar nuestras cu1pas. Solo los sofistas pueden hablar c:Í sus discípulos como á unos seres impecables, exciuyendo de su moral cuanto tiene relacion con el pecado y la expiacion del hombre. La verdadera Religion ha sabido buscar en otros principios el fundamento de la regla et~rna de las costumbres. Toda falta demanda una pena, todo . delito un castigo, ó <lcl contrario, es menester borrar de la inteligencia humana to<la idea de justicia. Esto supuesto, el católico que se cree culpable [iY qué . hombre puede llamarse inocente?) se castiga_á sí propio de sus pe.caclos privándose en todo ó en parte de los mismos bienes de que ha abusado, pues considera justo y razonable reparar de este modo sus excesos con sus austeridades, y reconquistar el . imperio <le las pasiones contrayendo unos hábitos opu estos á los que se lo han enajenado. · · Decid ahora si os parece que haya en la p eniten cia cristiana, en la · cuaresn1a católica explicada de e$ta suerte, . alg una cosa qu e la razon mas ilustrada no recorni eí1de al hombre resuelto á separarse <le la ¡,enda del v1c10. Todo filósofo se veria precisado á dar iguales consejos á cualquiera de sus discípulos que se propusiera enmendar los yerros de su vida. Hasta el mismo Epicuro reco. noce y enseña la verJ.a<l <le estos principios, cuall<lo recomienda la privacion corno un medio de aumentar el placer del voluptuoso En resumen, tributar á Dios el debido ohse- , quio , ·hacer al alma ,dueña 1e los sentidos, fortalecer los hábitos virtu"Osos, expiat los pecados, y pre·ser • var nuestras cabezas culpablys de los rayos de la divina justicia, tal es el principal objeto del ·ayuno y de las privaciones [a] Aun sube ma~ de punto la injusticia con que la impiedad se opone á esta ley desde que sabemos que para nosotros la Iglesia toda bondad y compasion,nos otorga la gracia de pres. cindir de la abstinencia ordenandola solamente en el miércoles de ceniza, en [a] El A bate Gaume en sn Catecismo de Perseve rancia. todos Jos viernes de cuaresma, en los dias miércoles, jueves, viernes y sábado de la sem'ana mayor ó santa, y en las vigilias ele San Pedro y San Pablo, 'de la asuncion de la Virgen y Natividad del Señor. Las Bulas de Cruzada y de carne, nos proporcionan este favor especial ¿qué graves .inconveniéhtes podrán ofrecernos para cumplir una ley -tan suabe y tan acomodad.a, si podemos decirlo asi, á nues ... ~tra miseria? ·¡Ay hijos carísirnos! profunda es la tristeza r(ue se ::ipodera de Nos, cuan. do verno·s la facilidad con que los Cristianos eh{den el cumplimiento de uno · de sus deberes mas sagrados, · cual es la observancia de la ley del ayuno y · abstinencia alegando razones frívolas, que jamas podrán tener valor alguno en el tribunal de Dios. Los unos dicen que no pueden ayunar por que el ayuno les trae molestia, sienten dolores de cabeza, debilidcÍ<l en el estómago etc. Pero q u~ ¿no es el ayuno un acto de mortifi_ cacion? ¿y podria serlo si 'nada sufrie- . ramos en el? icon qué derecho · nos eximirnos pé>r nosotros mismos· de esta obligaé~ori, . constituyendonós j~eces en nuest~a propia causa, sjn conÉ;ultar_ previamente , como ·lo dispone la Iglesia, al médico y al confesor.~ No proceden con n1enor necedad lds que p&ra eludir la ley de la abstii1enqia, <lespues de haber infriÍljido la llel ayuno, di'~e n que les es i,rnposible p .1sarla sin co1per carne , que la comida de vigilia no' les mantiene la vida, por que falta er, ella la sustancia de que necesita su naturaleza para conservarse ro }rnstos. ¡ Oh engaño artificioso produ ciuo por Satanas! pues que ¿por unos pocos dias que en el curso del año os p1·i veis <le la carne, su frireis tan funestas consecuencias? ignoran que estudi an<lose las condiciones físicas de nu estra naturaleza, la carne · no fué aliniento propio del hombre? En su principio ¿no sabeis que aun supuesta hoy su necesidad, no es tan absoluta, que solo la carne con esclusion de todo · otro alimento, nos sea indispensable para la ,vida? Consultad á los nat~ualistas, aun á los menos religiosos y vereis cuan- grosero es vuestro engaño. La frugalidad del alimento. el uso de los vegetales con preferencia ú las ca,rnes, se juzga por todos como un medio hijienico de exelentes resultados. Mas sobre todo: si el fin del ayuno es la mortificacion del cuerpo, su debilitacion en cierto modo, y hasta cierto grado racional, para que la concupiscencia no se enseñoree del corazon, ¿cómo po<ld valer el argumento de la necesidad de las carnes ·para consevar la robustez? Convengamos amados hijos en que los enemigos de el ayuno y de la. ábstinencia de carnes, solo . discurren ó de un modo necio por que . ignoran la materia, ó <le una manera apasion.a<la por cuanto el corazon es presa de la concupicencia. · No nos excimambs pues del ayuno, principalmente en este tiempo santo de Cuaresma: entendamos que faltar á este precepto de la Iglesia sin justa causa importa nada menos que un pecado mortal, y que todos los mayores de veintiun aijos hasta los sesenta por lo menos tenemos esta obligacion. No sigamos la funesta costumbre que alganos preocupados quieren adoptar como ley de mejor caÍidad, y que consiste en creerse escentos de ayunar en -toda la cuaresma excepto los miércoles y viernes. · Este es un ·abuso y <le los mas groseros. Solo , para los indíjenas por Bula especial del Señor Paulo 3. 0 se halla restringig.a ésta ley, quedando re.du•cidos sus ayunos á solos los viernes de Cuaresma~ á la vigilia de Navidad, y al sábado santo; siendoles concedido por el inis- -mo Pontífice usar dé,l privilegio ,que respecto á , la abstinencia se col?-cede á los que tienen la Bula de la .Santa Cruzada. Respetemos hijos carísimos las leyes de la Iglesia: ella es nuestra madre por cuanto somos y nos llamamos católicos ¿qué infamia para un hijo, la de faltar .á las prescripciones maternas, sin causa, sin motivo justo, y quizá tan solo por burla y por desprecio? Oh! con cuanta razon nos echan en cara nuestra inconsecuencia los Protestantes, los Judios, y aun los · mismos Mahometanos! mientras ellos ob~ervan todos los mandatos de su religion, los católicos foconsecuentes siempre, apenas queremos cumplir aun los mas sencillos ¿es esto tener fé? ¿es esto honrará Dios? ¿es este un proceder conforme al espíritu del catolicismo? ah! nuestra conducta, rr,iejor que todos 101;, argumentos de la impiedad ataca nuestra religion, desvirtu~ndola y haciendola aparecer como ridícula á los ojos del <liscidente y <lel vulgo · ignorante. No falta individuo 'del gre-
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