La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

ayuno en los términos siguientes:' ' Jejunium non solum peefecta virtus est, sed c_aeterantm virtutwrn fundarnentum et santificatio. J ejunet oculits, jejunet auris, jejunet lingua, jejunet rnanus, jejunet stomaclilt8 . ... anima ipsa jejunet á ;itiis. Pero ¿a que aducir mas testimonios ·cuando tenemos el <lel Espíritu Santo que en el libro del Eclesiástico dice Qui abstinens est adjiciet " vitam? Luego la impie<lau no sabe lo que dice, cuando se espresa de un modo hostil ·respecto del ayuno. Pero aun hay mas, car(simos hijos; no faltan individuos quizá católicos, que considerando el ayuno tan solo bajo el punto de vista de la abstinencia ele la carne, se burlan de esta ley, a1egan<lo por toda razon, que Dios ha crea<lo todo en el mundo para uso del hombre. j Necio alegato! que solo prueba en el que lo hace un corazon totalmente <lado á la sensualidad. Pues qué ¿la Iglesia es tan falta de buen sentido, que sin meditar sus <leterminaciones, sin proponerse en ellas la santificacion de las almas, proceda llevarlas á cabo, pr~scindiendo absolutamente de su resultado moral? La ley de la abstinencia no se ha dictado precisamente como una ley de hijiene para el cuerpo, sino para el espíritu. Al formularla, solo se ha tenido en cuenta el bien y la salud del corazon; hé aquí por qt;1e debiendo curarse ante to<lo [segun el espíritu de la penitencia] las tendencias viciosas del cora. zon. y siendo una de. )as que por desgracia domina mas en el corazon liuma110, la que fomenta la sensualidad, es preciso, é indispensable, refrc11ar]a si queremos aprovechar de las gracias de nuestro Dios. Aquí no podemos, menos <le citaros por completo las re· flexiones qtte en esta materia hace un célebre escritor eontemporúneo. T_r<1tándose de la abstinencia, el mundo que ignora. cual es la condicion del hombre en esta tierra de transicion ' excLirna: Ese culto es. un culto de aóstinencia y privacion, y por tanto no puede r11enos de agravar los males inherentes á nuestra naturaleza.. y convertir ú los hombres en esclavos. Decis que el catolicismo es un culta de abstinencia y de privacion. Sr, en verdad, porque es un ejercido contínuo de virtud, y la virtud no se adquiere sino á fuerza de trabajos y batallas. Abri<l los fastos de la historia, recorred la vida de los hombres. grandes de los s1glos pasados. y ved LA IGLESIA PUNEÑA~ ' s.i hay uno solo digno de este nombre que no haya comprado un poco de celebridad con grandes sacrificios: ved <le que modo se formaban aquellosvarones esforzados en las antiguas re· públicas de Roma y Lacedemonia, En todas hallareis la austeridad de vida, la ab~tinencia, las privaciones, . el espíritu <le SACRIFICIO elevado hasta el heroísmo; lo cual os probará que todo esto es muy conforme con una naturaleza sábiamente ordenada. Pero la Religion enaltece toda via inmensamente la naturaleza, y colma de dulzuras la práctica de esos importantes deberes. Mucho os equi .. vocais pensando que sea penoso para el cristiano el multiplicar sus sacrificios ~ para la práctica <le la fé; pues l~jos de esto, la idea consoladora <le obedecer á su Padre celestial, y de acostumbrarse en su presencia á vencerse á sí mismo, Je hace suave y fácil el precepto de la abstinencia. De~<le entonces no ve en él mas que u 11 med~o de probar á Dios su amor y respeto filial, sentimiento lleno de deli~ cadeza, q.esconocido á los hijos d el siglo, que nos mueve á ofrecer al Autor de la naturaleza una pequeña parte de los dones que cada dia reci himos de su suprema bondad. Solo á los co· razones amantes y sensibles es da<lo el gustar las delicias de semejan te obediencia. Dice tambien el mundo: Es dudoso que Dios prescriba estas ·privaciones, supuesto que nos ha dado ]os bienes para que useinos <le ellos c.:on mo<leracion todos los dias de nuestra vida. Y pregunto ¿qué razon hay para suponer que Dios mire con incliferen- · cia este culto <le renuncia"cion? ¿Nos habr:í dado los bienes para que usemos de ellos tí la man era <le 1 os brutos, esto es, sin reconocimiento ni amor? - Siendo, como somos-, unos seres débiles y limitados, ¿Je qué modo podemos probarle nuestro agradeci· miento á sus beneficios, sino prestándole continuo homenaje? Todos- los pueblos de la tierra nos dan diariamente este ejemplo <le sumision y obediencia. Hereueros1 aunque infieles, <.le las tra<lidones prjmitivas, han conservado esta parte clel culto público, aun elltre las tinieblas del Paganismo; y asi como no hay pueblo sin religion, no hay religion sin cu Ito de abstinencia: testimonio unánime del género humano en favor de esta parte de nuestros ritos, que, sin aumentar la santidad de' su obserranc.ia, confirma á lo menos su prJctica como esencial al c·1tlto públic,0, y dictada por un mismo espíritu á todas las.conciencias. Esto nos prueba cuan vana es la sabiduría del mun<lo, que quisiera supri~ mir de la Religion ese testimonio, -y que los hombres gozasen de todos los bienes, como si 110 hubiera D :os en el universo. · Estos L:ienes, <lecis, nos han si<lo dados para que 11semos ele ellos con moderacion todos los <l~as de 11 uestra vi<la. Pero para proceder con tal moderacion ¿pen.sais que basté.~ quererlo.~ La frugal ida<l y la templanza suponen un continuo ejercicio de privacion: el que no sabe ~-hstenerse algu11as veces <le los placeres lícitos, dificilmente podrl resistir á la seduccion de los ilíci2 tos. La , irtud se sustenta con sacrificios: cada abstinencia, cada mortili - cacion que prescribe es una nueía prneba que nof; pide <le nuestro arnor; es un nuevo vínc.:ulo con que pretende adherirnos .í sus santas leyes. Por que es tal la naturaleza <le nuestrn cotazon, que un sacrificio nos dispone á otro sacrificio, hasta que por último ningun esfuerzo se nos hace penoso cuando se trata de conservar, junto con el inestimable recuerdo Je una virtud probada, el nprecio de nosotros mismos y el fruto de una larga constancia. De un modo semejante el labrador acaba por aficionarse al campo que riega con sus sudores, y el militar €t la guerra que le cuesta la ~angre y los miembros. ¡Oh hombres, quíen quiera que seais, tened _ entendido que no seréis dignos <le la virtud mientras no le profeseís un ver - dadero amor; y ya sabeis que el amor no se aviene con el cálculo. De consiguiente las privaciones y la abstinencia son una condicion necesaria de la virtud. Pero el hombre es tan poco amigo <le violentar sus inclinacione~, que se entrega ú la cor· riente <le sus deseos como un navio desarbolado que vaga á merced de las olas hasta que se estrella en ]as rocas. La Iglesia, que nos conoce y ama como una tierna madre, há prevenido la lije reza de nuestro espíritu oponiendo una barrern sagrada á los impulsos de nuestro , corazon Sus leyes a~erca del ayuno y de las privaciones son la salva guardia de la virtud del hombre y del bienestar de la sociedad-

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