,r---------~~-------------~ <cHabrá1 pues, dos pesos y dos medas: Jiberlad para nosotros, y oprelOO para los demas.>> La Iglesia, bmo su Divino MaéslrCl, solo tie- ~ u.n peso y una medida; no quier no favorece sino el derecho, la mlad, el bien; rechaza y deles la Ido lo que es error, todo lo que es a.ro é injusto. ¿Cuál es el cristia- ~ que se atreva á decir que Saoás tiene en este mundo los misos derechos que Jesucristo? Eses, sin embargo, lo que encieren sí la pretensioo del libera]isP· La Iglesia, y lo<los nosotros o ella, reclamamos los derechos ~ la verdad, porque ella solo los me; negamos lo que se atreven á lmar los derechos del error, de la !rejia, del mal, porque el error, herejía y el mal no poseen delCho alguno. Ya sé que hay nesidades de !techo que algunas ve- ~ obligan a la autoridad á cerrar s ojos sobre males que no pueimprdir; pero su, deber es supri- ·r los abusos lo mejor y mas pronposibte. (Con ti'1iuaJ'á.) VARIEDADES. La eocledad •In Dios. l:on este titulo, bajo un sobre y sin ha v siu firnrn, he recibido, no ham~chos dias, lo que verá, probnblcnte con dis~usto, el lector curioso. «Hace veinte años que truhajo doC'C as diarias: la fatiga del din me prorciouu un sueño profundo durante la !Che; pero duermo sobre una cama ra y bi1JO uu techo frajil, abrusado el verano por el sol y al.Jierlo en el •ierno á los rigores <le la intemperie. ~fi vida se reduce á trab11j11r para ir, á dormir para trabajar y a cor para no morirme. ;,oy un bruto! lis vestidos están siempre desgarrapor la dureza del lr¡¡l.Jajo, sucios por polvo que mi asidua tarea le\'a11t11, wr el sudor que los esfuerzos de mis embros endurecidos haceu brotar de freutc. •lis manos encallecidas han adquiriuna fuerza terrible, y mis piés cuertos de lodo se estampan sobre la ra con pesada firmeza. uy fuerte! l eo pasar por delante de mis ojos gníficas carrozas; a mi alredeJ01· se 11ntan sobérbios palacios; el rnido los festines y el estrépito tle los b:rn1tes Hegau incesantemeute á mis oiNubes de lujo y de placeres rclnm- ~ucan sobre mi ctibeza, despertando mis gros~ros sentidos ardientes apeDs. Descuoro u11 mnndo de fausto y de tiél, cuyas doradas puertas 110 me es ible traspasar, y apretaudo les pu- , me digo á mi mismo: Soy un miserable! Recuerdo eomo un suc>ño q' empieza á vauecerse, 111111 dicha lt•jana (!lle me reía del mismo modo que sonrie la ~re al hijo que tiene á sus hrazos. ~rotaba entónces en el fondo de mi lt'<~ una claridad misteriosa que llaba-11 J,'e y me daba alieuto para sol.levar tas augustias de la pol>reza y trabajo, J uua alegria interior que ~ia de mi mismo¡. y que en el len~ua- ~e los hombres se llamaba Es71eran.zal Mas nqudla clurida<.I se ha ido desLA IGLESIA PUNEÑA. vanecie,,do poco á poco, la alegría se ha disipado como uua luz que se apaga. ¿Qué pasa por m1? No lo sé, pero os aseguro que el vaso de mi corazou está lleuo di'! rencor y de envidia. Yo creía en In justicia infalible de un Dios Dteruo; me había hecho creer mi madre que despues de este mundo nos esperaba otro; que allí uu juez infinitamente bueno, sabio y poderoso, nos juzgaría á lodos con In misma ley, y que serian cnstigados con lormen:os sin lin los ricos avarientos, y premiildos con goces inmortales los pol.Jres que hubisen sufrido la miseria de estu vida con resignacion y manseduml.Jre. Tambieu me hizo creer que ese Dios, principio y fiu de todas las cosas, había salvado á los homl.Jres de una perdiciou eterna, enviándoles á su propio hijo eu carne mortal para que padt>ciera por ellos los tormentos tle la pasion y las angustias de la muerte, e11se1iando 111 género humano penertido la humildad, la ma11setlumbre y t!l amor. No (}ltcreis creerlo, pero entonces me parecia un benctido la pobrezu y el trnbajo 111111 cosa !-aula. Ha IIPgado á mis oitlos uua vez leuebrosa, y 111c ha dicLo: «Te engnfla11 cP11 falsas promesos, to ofrecen pHra de .~pucs de la muerle delicias futu1as, pa1a que tú 110 les tlisputes las <lel1ciai; presentes. Te ceden gusto~o,.; la pm,es1u11 del otro mundo en cambio de la propiedad que le corresponde en éste; te dnn el cielo en cambio de la tierra ...... Oh! es un gran negocio! No te leva11tarás de la sepultura á reclamar t·l cumplimieuto de esas promesas. ¡lnfeliz, 110 hay mas vida que esta vida, 110 hay mas mundo que este mu11tll•! Pero 110 puetles quejarte, porque los que esplota II lU ig11ura11cia y tu fuerza han inventado uua Jauja eter111.1. Balia la tierra con el sudor de tll fre11te, mientras los ricos y los poderosos la cuure11 co11 el esplendor de sus riquezas y con la pompa de sus grandez:1s:-t rahaja sin descanso, mientras ellos tle:..lumbran tus ojos con el brillo del oro que tu ganas. Tú eres el que arrancas de las cntraíias de la tierra los tesoros esl'oudidos de la naturaleza; tú eres el que auimas los campos eubrié11Julos tle tloradas mieses, de verdes vides, de po,11 posos rumos y sabrosos frutos; tú cou,.;truyes los palacios, tú tejes la seda, tú fuudes el bronce: de tu miseria brota á torrentes el lujo que i111111da lus graudes ciudades, y tú vives hambriento y desuudo y te consume á la vez el trabajo implacnble y la pulircza invencible. Eres mas fuerte (tue Snnson; 110 necesitas asirle a las l'olumnas del templo pura destruirlo; crúzate de brazos y presenciarás la 1·ui11,'1 tic todas las grandezas que te desp1 ecrnu." Estas palabras mordieron mi corazon como serpientes euveueuudas. f.eian yo unas veces, y oia leer otras, periódicos y libros, cuya lectura de~pertubn en mi cor,1zo11 el c111sia de la riqueza. Yo era uno de los desheredados, que se arrastrar por el lotlo tic la tierra. Todo es mio -J nada me pertenece. Siembro, y otros cojen; trobajo y otros gozan. · t:u el fondo de mi cornzon hierve la ira, una nube espantosa se hn formad~ en las tempestuosas !i-Oledudes de nu pe11!-iamie11to y va á estallar cu rayos y centellas. ¿Qué sois vosotros? ;.La soc!ed.ad? Pues bien, nosotros somos la asoc1uc1011. Nos hemos contado, y somos mas q• vosotros. ¿No decís que las mayorías lo saben todo? .••• Pues 11osot ros somos la ma- ~·oria, y 13¡ lo sabemos todo y lo podemos lodo, claro eslá que todo lo queremos, Dejadnos el puesto que nos habeis nsnrpado, dovolvednos las riquezas que hemos ga1111do: venimo~ á pediros la herencia del mundo que nos pertenf'ce. Nuestros títulos son los derechos del lunnbre, que , ·osotros hal.Jeís prnclnmado; nuestra fuerza, nosotros mismos. Aquí nos e11co1~lramos frente a frente lu sociedad y la usociilcion. Vamos á cuentas. ¿Qué es la sociedad? Vosotros nos habeis ens<'11ado que es un contrnto; pnes aquí está la asociacion que es un ('OU· venio. ,,Por qué ha de tener mas fuerza lo que vosotros conlratais 4ue lo que nosotros couveuimos? ¿En nombre de quién invocais los sa- ~rudos derechos de la sociedad?..• ¡,En nombre de Dios?..•. ,.oe cuál'? Habeis declarado que lo mismo dá uno que otro: que es indiferente cualquína, y qlie lit sociedad puede, i vir muy bien sin ninguno. Al negar la enseíianzn ofil'ial de toda religion positiva. habeis uegado In existencia de lodo Dios verdadero. La sociedad no tiene Dios ninguon, ni la asociacion tampoco. Acnso invoqueis los eternos principios de la moral. Y nosotros pregu11tamos: -¿De qué mornl'! Y uos coutestais: -De la moral universal. -Pero si la mornl uuiversal nace exclusivamente de los homl.Jres. ¿cómo puede tener principios eternos?-¿Teudreis la presu11cion de creer que voso• tros solos posei:s el ¡.,rivikjiu de expu· nel'la, definirla y a pi icurta·? Somos intcrnacionali.stas, es decir, somos los últimos reformadores. Ya lo sé, estais indignados contra loll incendios y los asesinatos de la comuna, y pensais abrumarnos con el horror de la sociedad; pero tú, sociedad mo · dernn, quti te horrorizas, ¿quiéres que te cuente tu historia·! ¿Sabei~ quienes son tus ultimos pro• genitores? ¿Acaso Rousseau, Voltaire, Robcspierre, Danton y l\larnt uo son tus padres'/ Sin duda es absurdo que el trahaJo se subleve co11tra el capital que lo nlimentn; pero advertid que el capital que habeis creado es un capital sin Dios. y por com,iguiente, sin caridad. Decis capitales por no decir hombres, porque sal>e,s que el capital uo tiene entrañas. ¿Qué nos pide el capital? l\f ucha :;rauancia; pues, nosotros le pedimos mucho salario. Si el capital e~ insaciable, ¿por que no ha de ser tambieu iusacial.Jle el lra • bajo? ¿No entra en vuestra aritmética el principio de que la riqueza dividida se aumenta? Convenimos en ello, y hé aquí porque nosotros queremos repartirla. No os ne~aremos la J:loria rle haber desest;111cado µrancies masas de rique• zas detenidas en los hondos huecos de las "'anos mllertas. • Os aplaudimos: pero ha lleµ,ado la horn de c111e sepais que nquí no hay mas manos vivas que las nuestras. ¿Qué quiere la sociedad qu~ nos, ha euseOado todus estas cosas que 1gnorabamot:'? Quiere que nos resignemos con la dureza de nuestra suerte. Que nos sujetemos á la ley del capital. Qne ~eamos humildes, sobrios, pacíficos y honrados. Pues bien, que se nos devuelva la fe que nos alentaba en uuestrns 1uigustias. Que se uos reintegre eu la posesion de aquell11 hermosa es¡¡eranza que nos alegrab11 en medio de tus lriLulaciones de la miseria. Que In iden de un Dios Eteruo, Juez Supremo é infaliLle, vuelva con toda su maf:!cstad .v grandnn, c·on toda su bondud y misericordia a µrabarse cu nucstrus conciencias turlmdas. Han suprimido á Dios por <'aro.-A h! ¡y <'ufln caro va á costar el haberlo suprimido! Nos quitan el ciclo y nns quiereu dejar la tierra! ¡Nos cierran 111s puertas de la eternidad y no nos quieren aLrir las pucrtus del muudo! Lo veremos. Tu cuentas co1i't,t fuerza de la sociedad, pero la sociedad no tiene Jª mas fuerza que la de la pól vorn y lo& ejércitos. Nosotros contamos con la fuerza de la asociilcion, con las huelgas y el 71elroloe. Sociedad! ¿De qué te horrorizas? ¿,Ue qué le i11dig11a13? ¿De 411é le t>i-pa11lat,'! ¿Somos insensatos? Pues tú nos has hecho pertler el juicio. ¿Somgs mal vados'? Pues tú nos has instruido. ¿Somos unos criminales. ei.panto de la razon, horror de Lt historia v vergue11z11 del gé11ero humano? P~es tú eres uuestro cómplice. ¿Nó? ¿Acaso hemos brotndo en las salvajes soledades de Africa'? ¿Somos los soldados de Omar ó los bárbaros de Atila'? ¿Qué regiou salvaje nos ha vomitado? t.:omo lú sentimos la sobérbia de uues • Ira r.,zou sobcraua. Como tú paladeamos el refinnmieuto de lodos los placeres. Como á tí nos abrasa insaciable sed de oro. Como a ti nos estimula y nos aj ita la acerva comezon de todas las concupiscencias. Somos tus hijos. Tal y como nos ves, tal y como somos, nos hemos engendrado en tus entrauas.» Despues de haber leido esta série de parrufos que su autor anónimo llama peusamicnto.;;, mi primera i11tc11cio11 fué rasgar el papel en que se hallaban es• crilos, mas me detuve ul mismo tie1R• pode ejecutarlo, peusnndo que su lectura podía ser conveniente. La intet11a.cional, 1e dice, es una a¡;o1 ciacion tremenda, un somntcn salvaje. cu.vos principios aterran, c11yos medios espantan y cuyos fines horrorizan. Es verdad; pero JO 110 tengo por que . disimular mi pensamiento, y á mí ni sus principios me aterran, ni sus medio.s me espantan, ni sus fines me horrorizan, porque se me ha metido entre ceja y ceja la idea de que la Internacional vi , 11e armart,, de terrible lógica. La lóµica que la ha producido es la que á mi aterra, me espanta J' me hor.. roriza. Jos:t SnGAs. Imprenta de D. lU. C. lU. -Dirijida por Fr.AL'ICis<.:o oi:: P. BntMEJo. \
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx