La Iglesia puneña : órgano del gobierno ecleseástico de esta diocesis/Título posterior : La Iglesia Puneña periódico semanal. órgano ofial del gobierno eclesiástico de la diocesis(desde N°37)/Título posterior: La Iglesia puneña: publicación eventual. órgano de dcoumentos, doctria y hechos (desde n°180) - Año Nº1-18,/Nº19 Ene 12/Año 2-Nº2/Año 1,Nº3/Año II-Nº 23-51/Año III Nº52-79/AñoIV Nº 80-99/100-116/ Año V-117-136/Año VI 137-148/Año VI Nº149-172/Año VII-Nº175-184

dos piés, os pedimos tambien vuestra Aposlolica bendicion. Puno, Noviembre 28 de 1873. SANTÍSIMO p ADRE. Leonarda T. de Romero. Francisca Carpio. Micaela O. de Miranda. Andrea /1.· de Cano. Carmen Cano. Marla Josefa Romero de Ramos. Vicenta Loza. Júlia Oliver. Mal'Ía A. de Zea. Antonia Oliver de Tuneres. Nicolaza A. de Carrion. Leocadia Sardon. Norberla Infantas de Zenteno. MarLina B. de Pino. Inocencia de Andrade Elisa G. Tavera. Saturnina F. de Aguilar. Ángela Agui1ar. Manuela Romero. Seferina Romero. Juana Romero. Cecilia Oquendo. Lucia Miranda. María C. Miranda. Francisca J. Miranda. Juana M. Mi-· randa. Rosa Zea. Máxima Zea. Marla Uarrion. Gerlrudis Carrion. Seferina Arias. Fortuna la Sardon. Fabiana Ondarza. Enriqueta M. Ondarza. Amalia Ilueoo. Adelaida Bueno. Cármen Pino. Máxima Pino. Rosalia Pino. Celedonia Giraldo. Nicolaza Ilechegal. Mercedes Bedregal. Cármen Meneses. Cánnen AlmonLe. Catalina Mooroy. Carmen Saavedra. i.eonor Luna. MargariLa Onnachea. Clara Urviola. Epifanía Briones. María S. Villar. Mar1a Iglesias. Juana Mallea. faabel M. de Blanco. Victoria Blanco. María M. Blanco. Teodora Calle. Pascuala C. Rodriguez. Candelaria Flores. Modesta Contreras. Antonia Garcés. Antonia Acuña. Maria M. Perez. Valentina Perez. Aodrea Encinas. Martina A. Bravo. Cármen D. Can- .ceco. EscolásLica Calalayud. Faustina Escudero. Aurelia I. de Calle. Ana M. G. de Cossio. Ascenci~ A. de Giraldo. María P. de Garcia. María P. de Evia. Isabel E. de füiones. Fabia,na E. de Enriquez. Beatriz E. dé Terán. Manuela F. de Eoriquez. María E. Guerreros. Manuela Solano. Rosa Solano. Juana Zúniga. Anselma Cárdenas. Victofr1 Arce. Josefa Arce. Bernardina Solis. Josefa Flores. Antolina Galindo. Narcisa Giraldo. Damiana Giraldo. Domitila Giraldo. Francisca C. de Martínez. Santusa Vargas. Prudencia Ruelas. Leandra Cano. Leonarda Barreda. LasLéuia García. Luciana Evia. Manuela García. Isabel Terán. Mada P. Terán. Bernardina .Portugal. Concepcion Solórzano. Rosa Borda. Tomasa Flores. María A. Borda. María Borda. Clara Borda. María M. Fernandez. Nieves Apaza. Romualda V. de Sanchez. María M. de Cáceres. Eugenia Mallen. Paula Apaza. Isidora Apaza. Francisca Apaza. Josefa Dávila. Carlota Dávila. Pela Vargas. Andrea Rivera. Manuela Arce. Martina Arce. María Cármen C. de Moya. M. Manuela Toledo. M. Manuela Alvarez. Ursula Zea de Alvarez. Libia Alvarez. Casimira Peñaloza. Hermenegilda Pinto. M. Dorlisca Zenteno de Aragon. María Sanehez. Mica Solano. Calaliaa Sevillanos: María D. de Arce. Clara Quintanilla. Selina Pe~arrieta. llosa Borda. SeferiLA IGLESIA PUNEÑA. na Sa1azar. Catalina Masuelos de Alvarez. Eulalia R. de Palao. Cármen Pino. SebasLiana S. de Chamorro. Tomasa Yavar. Saturnina Yavar. Inés Peñarrieta. M. Manuela S0lórzano. Facll'Dda Oporso. Victoria Chamorro. Mercedes Noel de Tovar. Isidora Hurtado. Maria R. de Perez. María Arias. María Josefa de Flores. Alodia Estrada. Fortunala Rivera. Casimira Aréstegui. Francisca Obli tas. Floren tina Oblitas. Seferina Ormachea de Paredes. Juana de D. Roque. Fabiana Gamarra. Anselma Valencia. Baltazara Nnñez. Manuela L. de Torres. Petronila Borda. Valentina Ruiz. Clara Va1·gas. Manuela Velazco. Ven tura QÜispe. (El corresponsal de Arequi pa á «La Sociedad.» ) ............ . ........ . El sábado 6, a las tres de la tarde, llego de Puno á la estacion de esl1 Ciudad, el por tan los títulos ilustre Dr. D. Juan Ambrosio Huerta. Nadie esperaba al venerable huesped, así que su llegada nos lomo á todos de sorpresa. Sin embargo, tan luego como se tuvo de ella certidumbre, el pueblo todo, expontáneumeute, sin que nadie lo esLimulára con tal objeto, salió en masa a recibirlo. Todos los vecinos de las calles por donde había de pasar, se apresuraron á adornar con esquisi Lo gusto el fron Lispicio de sus casas. Momentos antes de que llegára el tren, hallábanse ya como ocho mil personas. formando calle, a uno y otrn lado de la línea férrea. Componían esa inmensa multitud personas de todas clases, figurando entre elJa casi Lodo el clero regular y gran parle del secular. Veíanse varios magistrados, algunos profesores de la Universid_ad, gran número de es ludian Les, .muchos abogados, innumerablesarLesanos, &, &. Y todos daban muestras de síncero entusiasmo. Ilatíanse en todas direcciones las banderas de los diversos Estados de Sud-América, y resonaban á cada instante estas y otras semejan tes aclamaciones: ,,¡ Viva el ilustre Obispo de Puno!» «¡ Viva el Obi'spo mártir!» Muchas personas notables suplicaron al Ilustrísimo y ~everendísi-- mo Señor Huerta, se dignara aceptar el alojamiento que Je ofrecían; pero les fué preciso ceder al laudable empeño que lomó la comunidad de la Merced, alegando mil y mil razones para ser la preferida en el alLo honor de hospedar, on una de las humildes celdas de su convento, al esclarecido defensor de las órdenes monásticas, existenLes aun, por fortuna, en el Perú. El convento de la Merced se halla en una calle bastante próxima á la estacion; pero el pueblo, que deseaba disfrutar, siquiera por algunos instantes, de la compañia de lan eminente príncipe, le condujo c~si por la fuerza hasta la plaza principal, para llevarlo desde allí, como en triunfo, al lugar de ~u hospedaje, En el trayecto, hubo que pasar por las. puertas del cuartel de Ejerciciosy por las de la cárcel. Los soldados, que tanto en aquél como en ésLa se hallaban de guardia, dieron á conocer en sus semblantes, ]a alegría que senLian al tributar al ilustre prelado, los · honores debidos á su alta dignidad. Entre tanto, la concurrencia aumentaba mas y mas, llegando á componerse, por lo menos, de doce mil personas. Al día siguiente, el señor Prefecto del DeparLamento de Arequipa visito al Illmo. Señor Obispo de Puno. Este acto le ha grangeado al señor Osma muchísimas simpatías. No hay una sola persona de importancia que no haya visitado y ofrecido sus servicios al Iltmo. Sr. Huerta. , El señor Du-Bois, Superintendente del ferro-carril de Arequi pa a Moliendo, al saber que nueslro ilustre huésped solo pensaba permanecer entre nosotros unos dos ó tres dias, y que tenia ánimo de pasar á Islay, se apresuro á suplicarle se sirviera aceptar un coche especial para él y su comiliva. Y en efecto, el márles 9, á las ocho de la mañana, partió para Mollendo el Iltmo. Señor Huerta, con determinacion de dirijirse en seguida á Islay, y permanecer allí uno ó dos meses, en cuyo tiempo cree re. cibir comunicacfones de Roma y saber si Su Santidad se digna ó no admitirle la renuncia del episcopado de Puno. La de termioacion del Sr. Haerta de residir en Islay, nace de la esperanza que tiene de recuperar allí, merced al temperamenlo y los baños, su quebrantada salud. Háse abierto en Arequipa una suscricion, para reparar de algun modo la injusticia con que se intenta privar al Obispo de Puno, de la renta que le es debida. v. c. HOMENAJE DE PUNO á su Pastor. (Edilorial de «La Sociedad.») Ayer habrán leido nuestros abonados con notable salisfaccion la súplica reverente del pueblo de Puno á Str Santidad, para que se digne no aceptar la renuncia que ha hecho del obispado su il uslre Pastor. No es nuestro ánimo, en manera alguna, prevenir el juicio de la Santa Sede sobre tan importante asunto; pero, sí, ~ebemos apreciar el valor de un a~to, que demuestra hasta qué punto ama y respeta la grey punense á su Padre y Pastor. En presencia de los osados ala:. ques, que el liberalismo ha inferido al Illmo. Señor Huerta; de la perse~uci(m intestina de que ha sido objeto, en el seno mismo de su pueblo, por parte de algunos ingratos; y .de la tenaz cuauto indigna hostilidad que le ha declarado e) poder civíl, sin mas motivo que su celo por la independencia de la Igle· ~ia, que será el mas glorioso Lim• bre de su episcopado; se levantan los fieles de su amada grey , para proclamar su intachaMe conducta, su vigilancia pdstoral, sus aslduos trabajos, en la viña que encomendo á sus cuidados el Padre de familia. Y no son beatas y fanáticos, como suele llamar el liberalismo á las gentes piadosas, .quienes alzan, por encima de tantas pequeñas miserias, el esclarecido mérito del señor Huerta: son los magistrados del tribunal superior, los jueces de primera instancia,el Rector del Colegio Nacional, los empleados subalternos de la administracion, los jefes del ejército, allí residentes, sin hacer mencion de los miembros del clero y de los simples fieles. Todas estas personas, esto es: lo mas alto y escojido de la sociedad de Puno, bendicen a su Prelado, piden que sea mantenido en su' puesto y reprueban, con el hecho solo de su conducta, las arbitrariedades é injusticias de que ha sido víctima. Cualquiera que sea el éxito final, pendiente hoy de la sabiduría y prudencia de la Santa Seda, el ilustre Obispo de Puno ha encontrado ya, en la espléndida manifeslacion . de su pueblo, la mejor recompensa temporal que podía apetecer de sus trabajos _apostólicos. ¡Cuán deplorable se presenta la mezquindad con que el Gobierno lo ha tratado, comparada con la noble conducta de su grey, que se aparla de la baja y estrecha 1.301Hica de sus goberLantes, para_alabar y enaltecer las virtudes de su Obispo! Humillado se habrá sentido el señor Ministro del Culto, al saber que la parle mas elevada de la sociedad de Puno, por la dignidad y por la ciencia, pide con el mayor encarecimiento, que sea conservado al frente de la Diocesis su digno Obispo, no obstante la ma1·ca de delincuente y el castigo con que lo ha honrado la pluma ministerial. Y esa humillacion habrá subido á su colmo, al ver que el virLuoso Prelado ha sido fervorosamente aplaudido por el pueblo de Arequipa, el cual, no contento con esto, ha formado una colecta que pondrá respetuosamente en sus venerables manos. Allí pondrá el generoso pueblo su sagrada limosna; pero, el Sr. MinisLro puede sentir que se la arrojan al rostro: tal es la fuerza de la coneiencia y el irresistible reproch~ que ciertos actos entrañan. El pueblo de Puno y el pueblo de Arepuipa han hecho, pues, en una sola, dos grandes cosas: han puesto, en su lugar respecLivo, para que los vea .Y juzgue la sociedad entera, al Iltmo. señor Obispo de Puno y a Su Señoría el Sr. Minis• tro de Justicia. ' Creemos que no sostendrá el Mivistr'o la comparacioo del Obispo.

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